Mal dia para buscar

22 de junio de 2023

Canciones del verano ( que no)

Una persona no demócrata, intolerante, respetuoso a medias y alta me pidió, hace unos dias, escoger una canción del verano.

Obviamente pensé, porque es una maldición que va conmigo, que me estaba pidiendo una canción fuera a tener éxito este verano. Así que rápidamente llegué a la conclusión que tenía que ser facilona, en español, que llame la atención a mayores y jovenes, de calidad discutible, letra recordable y ya en el punto de partida de las más escuchadas.Si a eso sumamos que haya perdido en algún concurso, nos queda Nochentera de Vicco.


Entonces me llamó, asustado. "No puedo asociarte a esa canción. Es indigno para ti. Has de escoger algo que te guste a tí"- "Tendrá que ser de verano"- le respondí, estupefacto. Inmediatamente me vino a la mente la blanquísima "mo, mo, mo, mójate la tripa" del grupo de entretenidísimo directo Daltonics.



Esa es refrescante y fácil. "¿Pero suena increíble?"- preguntó. "No, claro que no. Es canción de verano". "Entonces no me vale". Tampoco valen, entonces, todas las siguientes:



Claro- pensé en soledad. Si el año pasado Leon Benavente eran el mejor directo del pais (aunque el directo de los Zigarros estaba muy muy tequilero), podría dejar bien claro los dos directos más interesantes que nos vienen, pero no es veraniego en absoluto. Y , además, siguen siendo en lengua española a rabiar. Uno porque me gusta mucho la chica del video y otro porque la sombra de C Durante es alargadísima y casi fue superada por la maqueta de Niña Polaca aunque, como Kitai, firmar con una multinacional les jodió vivos. En este pais los prometedores se joden cuando conocen a Leiva ( Zigarros, Quique gonzalez por poner dos ejemplos) o cuando firman con Warner ( nombre ficticio)



Pero también estuve dando vueltas en aprovechar la deriva electoral. Y me llegaron unas cuantas:



Pero claro está que ninguna de las anteriores son temazos porque los temazos son intemporales y NINGUNO vale para canción del verano. Si es del verano no es del otoño, ni siquiera de entretiempo.

Las canciones son para los momentos. No vale la canción de tu entierro para la boda del tipo del quinto. No vale para ponerte tierno la misma con la que gritas en el coche. No vale.

Voy a tener que seguir buscando. No me vale algo del mes pasado que suena a 1994 o aquel concierto de aquel grupo que desapareció ( primer disco espectacular) y en el que el líder es ahora un profesor de matemáticas canadiense.

21 de junio de 2023

I had a dream no identitario.

No es mio, pero lo comparto. Reflexiona sobre el motivo por el qué parece que hay una nueva corriente de pequeños fascistoides irracionales que asoman la cabeza en nuestra infantil sociedad de impulsos.


Dice así:

Nací a principios de los 80.

Las tesis que se manejaban en los temas de machismo, racismo y todos esos temas allá por los años 80 y 90 eran las de la "ceguera identitaria". Es decir, bebiendo directa o indirectamente de Martin Luther King existía una pretensión generalizada en intentar fijarnos en el carácter de las personas y no en cosas arbitrarias como su sexo, su raza o su orientación sexual. Esa era la dirección en la que culturalmente intentábamos caminar consiguiendo grandes consensos sociales que rechazaban comportamientos racistas, homofobos o machistas. En nuestra época no era popular, ni "trendy", ni guay hacer comentarios racistas o hacer comentarios homofobos. Todo lo contrario. Eso no significaba que no existiese el racismo , la homofobia o el machismo sino que en términos generales era socialmente rechazado y se abrazaban las tesis de que a un individuo no era ni su raza, ni su orientación sexual ni aquello que le colgaba entre las piernas lo que le definía y , por tanto, la idea era que todos intentásemos trabajar en esa dirección.

No era perfecto, maravilloso o infalible, pero íbamos avanzando.

Sin embargo grupos de activistas con peso determinante en las principales universidades americanas empezaron a plantear tesis opuestas a la de la "ceguera identitaria". Estos activistas, repartidos entre alumno y profesorado, reivindicaban las identidades a través de una dialéctica de oprimidos y opresores remarcando continuamente las identidades de los sujetos dentro de toda conversación y reivindicando una suerte de reparación histórica.

Por lo tanto la idea ya no era: vamos a intentar olvidarnos de la raza, la orientación o el género y vamos a tratar de tratarnos como seres independientemente de nuestros atributos. Aquí lo que se hacía era reivindicar esos atributos que iban a redefinir nuestra situación nuestra situación material actual y por tanto iba a ser la óptica por la que analizar nuestras dinámicas sociales. En este nuevo mundo las personas blancas , pese a sus ideas, iban a ser blancas por encima de todo. Podían ser racistas pese a estar en contra del racismo y tenían inconscientes privilegios de raza que les daban ventaja sobre el resto de realidades racializadas. La "blanquitud", entonces, se convirtió en un problema.

Esta dinámica se repitió con todo. Los hombres tenían privilegios, porque si y aunque la ley no lo estableciera, frente a las mujeres. Los heterosexuales imponían una "heteronormalidad" tóxica y cada semana aparecían nuevas minorías que buscaban su cuota de casito en las olimpiadas de la opresión. Todos estos discursos concurrían en lo mismo: El enemigo a batir de esta corriente identitaria era aquel que dominaba la intersección de la pirámide de privilegios y eso no es más que el terrible hombre, blanco, heterosexual. Autor material de todos los males en la tierra. En esa dirección se empieza a trabajar.

Esta guerra de identidades, aparte de loca, puede traer un perverso efecto rebote. Si juegas a juzgar a la gente por su color de piel, su identidad sexual o su género en lugar de acabar de acabar con el racismo, la homofobia o la misoginia lo que estás haciendo es empujando a muchos de los que señalas hacia el racismo, la homofobia o la misoginia.

Porque si reivindicas y juegas a la guerra de identidades, señalando y denigrando a la gente por éstas, lo lógico que el muchos acaben refugiándose. Castigar a alguien por nacer blanco o varón no es tan diferente de haberlo hecho, muchos años atrás, con alguien por ser negro o mujer.

Era algo palmario que meternos en esta macedonia identitaria de forma agresiva y azuzada por activistas desnortados que no habían dado un palo al agua en su vida era una mala idea. Demonizar por defecto al "hombre blanco heterosexual" no iba a terminar con una capitulación sumisa sino que iba a abrir la puerta a otros identitarismos de igual corte radical. Sin embargo siguió, pese a todos los avisos.

Contra la inercia social que se ha creado, contra este péndulo gigantesco, poco se puede hacer a estas alturas de la película.

Si, lo de la "ceguera identitaria" y lo de "i had a dream" de Martin Luther King no era perfecto, pero quizás era un poquito mejor que esta mierda en la que estamos sumidos.

¿Ahora qué tenemos?. Tenemos a mas chavales racistas y misóginos que se han radicalizado a base de repetirles por activa y por pasiva que sus cualidades identitarias eran una suerte de pecado original que debían purgar y deconstruir. Radicalizados a fuerza de meterles charlas por la garganta en los institutos o tener a señores con el pelo rosa llamándoles "niñes" y explicándoles con un unicorninio por qué el género era en realidad un espectro.

Señores, señoras, señorís: Hay que admitir que las tesis identitarias no solo han fracasado sino que nos llevan a una deriva reaccionaria que ahora nos salpica a la cara. Ustedes son parte del problema en el que ahora mismo hay una reacción en contra de todo lo que significan y han intentado imponer. Por eso mismo deberían de admitir cierta responsabilidad.

17 de junio de 2023

Marta, el monte y la eutanasia sexual ( relatito)

 ( Estoy buscando personajes y se me ha ocurrido uno que no quiero que se me olvide. Necesito gente que parece que es feliz pero con un trasfondo turbio)

Marta.

Dos hijos bien criados y los domingos subiendo al monte. Una mallas más prácticas que eróticas y unas zapatillas de esas limpias que acaban con barro al final de la mañana. Lleva siempre una sorpresa para comer y celebrar que se ha llegado al destino cuando la meta es el principio de la bajada. Siempre dispuesta, sonriente, organizativa y participativa hasta decir basta. Disfruta de los dias de sol y de los dias grises. Si alguien está, es Marta. La vida parece fácil a su lado. Va a por las raciones en los bares y recuerda perfectamente quien toma el café solo y quien prefiere sacarina en vez de azúcar. Con el pelo corto y rizado, siempre sonriente y dispuesta a ponerse en modo escuchante si es que la necesitas. Da consejos prácticos y dispone de una palabra adecuada sin resultar intrusiva. No tiene un gramo de pedantería mientras se convierte en la que te ayuda a montar un mueble o la que te da los buenos dias preguntando sinceramente que qué tal te va. Sus horarios, como auxiliar geriátrica, la hacen desaparecer las mañanas que tiene turno de noche pero sabes que es una fija de las sobremesas. Prepara las fiestas y se queda a recoger los vasos cuando terminan. Activa y poblada de curvas, corretea por la casa con el mismo control que tiene un entrenador poco autoritario sobre sus jugadores, que no preguntan si la táctica es la correcta mientras hacen lo que se espera de ellos. Marca en los mapas los sitios en los que parar si es que los trayectos son largos y lo mismo te canta una de los Chichos como los grandes éxitos de Sabina. Baila con un poco de reggetton mientras se ríe a mandíbula batiente.

Y una noche al mes, en su turno de noche, se acerca a la cama de algún residente. Enciende la luz gris y puntual que hay sobre el cabecero, al lado de las tomas de oxígeno. Se sienta delante con una de esas sillas fuertes y anacrónicas, poniendo el respaldo sobre su pecho. Espera que se despierte. Le sonríe. Deja que los ojos, unos centímetros por encima de las tomas que entran en la nariz, se fijen en su escote. Cuando ha captado su atención da la vuelta a la silla y se sienta mientras abre las piernas y sube las manos por sus muslos, levantando un poco el uniforme. Se fija en el movimiento de las cejas que piden a los ojos captar mucha más información. Abre uno de los botones y sabe que se le ve el borde de la ropa interior, con inquietantes momentos transparentes. Si abre el segundo botón y agarra de abajo hacia arriba sus pechos casi parece que se le salen. También sabe poner cara libidinosa y jugar con la punta de la lengua sobre la comisura de los labios. Los años de experiencia le evitan reconocer el efecto que genera en la frecuencia cardiaca mientras en su cabeza ha aprendido a interpretar el pip, más o menos veloz, con los movimientos temblorosos de una excitación en la tercera edad. Se expone, voluptuosamente explícita, frente a la cardiopatía severa de su espectador. Le excita sobremanera saberse intensamente deseada, como una estrella que degusta la admiración de un fan que es capaz de despegarse de si mismo por adorarla. Un penitente convencido que no hay más dios que el que se le aparece y que no hay más vida que la que esa aparición te da o, cuando a ella se le asoma el primer pezón, te quita.

Marta mata a uno de sus pacientes al mes en lo que cree que es una buena obra para un enfermo terminal pero que , en realidad, es un acto de egolatría. Sin tocar, entre las sombras, con alevosía y mucha sensualidad. Marta ha desarrollado la eutanasia sexual.

Después, por la mañana, dice que está triste porque se le ha muerto uno de sus viejecitos pero está segura que lo cuidó, como nadie, hasta el último minuto. Y te pregunta cual es el monte al que vais a subir el domingo. Tiene que lavar las mallas.


11 de junio de 2023

Machirulos 12- Igualdad salarial 0

La seleccion de futbol femenina de US, de esas que EXIGEN cobrar lo mismo que los hombres porque, en realidad, realizan el mismo trabajo, ha participado en un torneo y desafortunadamente ha perdido en su primero partido. Esto le pasa a cualquiera, emponderado o no. Las mejores jugadoras se enfrentaron a Wrexham, de la quinta división. En ese equipo, dada su precariedad económica resultado de su posición, juegan un par de jubilados, unos aficionados y más de un joven deportista. Si fuera un equipo español seguro que hay dos fruteros y el panadero del pueblo. Pero no pasa nada. A los veinte minutos ya iban 7-0, a favor del equipo de quinta. El resultado final fue 12-0. Un casi.

Esto me hace recordar cuando las hermanas Williams eran las tenistas más poderosas del planeta y tambien decían, con furiosa cólera, que se encontraban en disponibilidad de enfrentarse a cualquier jugador masculino. Cuando ellas hicieron esas declaraciones John Mcnroe afirmó que aunque eran unas muy buenas jugadoras, no estarían entre los 700 mejores jugadores del mundo. Eso, logicamente, las hizo enfadar. Lo curioso es que un tenista venido a menos y que poseía el número 203 del mundo, aceptó el reto. Karsten Braasch, un aleman enganchado al tabaco, gano el primer set a una hermana por 6-1 y el segundo a la otra hermana por 6-2.


Y todo esto no es un golpe encima de la mesa ensalzando el poder masculino sino una nueva demostración de que entre los hombres y las mujeres hay cosas que, por muy bueno que se sea, se realizan de forma diferente y en cuestiones físicas simplemente se reafirma.

Por supuesto que otro caso que certifica mi teoría es el de Michele Mouton, Una grandísima conductora que maravilló al mundo cuando los coches de la serie B (la categoría de rally más salvaje que ha existido nunca), iban de costado por las carreteras. Michéle quedó subcampeona del mundo y si vemos su historia merecía más. Nadie, absolutamente nadie, ha puesto jamás en duda su tremenda valía y aparece en el parnaso de los grandes conductores por sus triunfos y no por su sexo.

También estoy seguro que habrá competiciones deportivas basadas en la elasticidad ( por poner un ejemplo) en las que un hombre haría el mismo ridículo que la seleccion de futbol de US y admitirlo es perfectamente lógico. Quizá la prueba más palpable es la respuesta a la pregunta de por qué algunos deportistas con carreras discutibles consiguen records del mundo femeninos cuando se identifican como mujeres y no hay ni un solo caso al reves

Sin embargo no podemos obviar que hay un ideario generalizado en el que las mujeres que juegan al futbol deberían de ganar como Messi y las tenistas lo mismo que Nadal. Las que juegan al baloncesto lo mismo que Michael Jordan. Que no hay diferencia entre un bombero machirulo que una mujer ( porque el fuego quema menos si eres mujer) y que los cambios salariales son un ejemplo de un patriarcado que está aqui para castigar a las que, aunque les gusta mucho el deporte, tienen vulva.

Afortunadamente, de vez en cuando, la realidad se impone con obstinación y 12 goles.

Solo pido que no se imponga la realidad cuando se queme la casa de una ultrafeminista y exija que los varones no salven a sus gatos, con el resultado de quemarse todos. O que haya que detener a un delincuente de 150 kg de peso y dos señoritas discriminadas positivamente sean incapaces. 

Yo reconozco que hay cosas para las que no valgo y a tí, que te estás indignandE con la realidad, te pido que hagas lo mismo.


7 de junio de 2023

La importancia política de las palabras.


Ahora que estamos de elecciones perpetuas te voy a contar un truco:

1-Dices que vas a hacer una ley para, digamos, ayudar a los cojos a subir las escaleras.

2-Escribes en la ley que hay que partirle la pierna buena a los cojos y, de paso, que lo hagan tus colegas

3-La llamas "ley de ayuda a personas con cojera"

4-Alguien te dice que es una mierda de ley

5-Le dices publicamente que es una persona malísima porque no quiere ayudar a los cojos

6-Y si alguien le da la razón insistes que hay una ola de gente que quiere acabar con los cojos.



Pues eso,es.

Te lo dice un tipo que no tiene cojera sino que camina con flow.

2 de junio de 2023

¿Quien es Frank Grimes?

Es fácil, lo resumen al principio del episodio aquel de 1997 ( temporada 8)


Obviamente es un poco "mini sueño americano". Tiene su punto de drama, su punto de empatizar con el protagonista y ese emotivo momento que , si fuera  una pelicula del siglo XXI habría de ser en cámara lenta con música épica. Frank Grimes, de esforzado niño a trabajar como técnico nuclear. Rocky, luchando por ser campeón del mundo llorando por Adrian con la cara ensangrentada.

Así que cuando Frank llega a su puesto en la central espera encontrarse con sus iguales por fin. Haber recuperado el tiempo que le detuvieron los obstáculos para, como una gaviota que llega a su grupo, sentirse tranquilo sin pararse ahí, sino manteniendo el esfuerzo para convertirse en la mejor de aquellas gaviotas. Y conoce a Homer. Reconocer a un inutil no es dificil porque solamente hay que dejarle hacer. Caerá, continuamente, en estrepitosas equivocaciones que habrán de ser certificadas por cualquiera con un mínimo cociente intelectual. La gran sorpresa de Frank es que Homer, como un político inutil, posee todas las miserias que él mismo no se permite y, sin embargo, vuelve a ser reelegido hasta con mayoría absoluta.

Entonces es cuando la estupefacción da paso a la rabia.


Existen mil millones de veces en las que pensamos que un imbécil está viviendo felizmente la vida por que nosotros luchamos tanto. Se acuesta con la persona a la que amamos, come la comida que nos gusta y conduce el coche que nos hace girar la cabeza por la calle. Se va de vacaciones 16 semanas y es incapaz de valorar todo aquello porque es imbécil. Así que esperamos que el tiempo ponga las cosas en su sitio pero van pasando los días y las semanas sin que eso suceda. No cejamos en ser disciplinados, serios, honestos y cumplimos las promesas que hacemos y nos hacemos. Pero no pasa.

Y Fran Grimes revienta.



Pd: El primer capítulo de un libro, tiene esta intervención:

»A lo largo de la evolución humana siempre hemos vivido en una especie de desarrollo darwiniano que nos hacia mejorar, como si fuera la ley de gen fuerte, para adaptarnos al medio. Nos pusimos sobre dos patas, perdimos el pelo, hicimos herramientas, suavizamos nuestras garras, creció nuestro cerebro y fuimos superando límites mientras nuestro propio ser competía y superaba los siglos poco a poco. Es verdad que puede ser probable que esas adaptaciones sean cada vez más rápidas y nuestros nietos tengan los pulgares mucho más ágiles que los nuestros gracias a algo tan tonto como la comunicación entre smartphones. Aunque quizá no sea tan tonto porque eliminar parámetros de la comunicación como la entonación o los gestos puede ser, en realidad, una forma de adaptarse o de usar en ventaja propia esa misma carencia. Viene a ser como jugar a un juego en el que desaparecen dos o tres reglas y quizá nos da la sensación de poder ganar con mayor facilidad. Eliminar, bajo la excusa de la tecnología, es en sí mismo una manera de seguir las propias teorías de la evolución, aunque no hacia delante o, por lo menos, lo que hemos considerado que es ir hacia delante.

»Eso mismo, ese planteamiento tan sencillo de intentar adivinar lo que el propio ser humano desea para sí mismo es lo que inicia mi estudio. Durante años hemos generado modos de catalogar y cuantificar nuestra salud. Hemos medido los glóbulos rojos y las transaminasas. Hemos establecido unos grados de colesterol en los que debemos estar. Hemos desarrollado múltiples maneras de medir algo tan volátil como la inteligencia, considerándola algo innato y que, en su mayor medida, nos hace mejores seres humanos. Ser inteligente, casi como una máxima, es mejor que ser tonto.

»Hasta aquí podríamos estar de acuerdo.

»Pero ser tonto no es lo mismo que ser estúpido. La estupidez implica no querer. La tontería es no poder. Podemos perdonar a un tonto, pero no a un estúpido. Carlo María Cipolla estableció en 1988 las leyes fundamentales de la estupidez, llegando a la conclusión de que es el peor tipo de ser humano que existe.

»Así que, en vez de medir la inteligencia o los defectos cognitivos de determinados sujetos de estudio, hace unos años intenté establecer un método que, sin lugar a dudas, fuera capaz de determinar el grado de estupidez de un humano.

»Se preguntarán el por qué. Para eso no hay que considerarlo como un hecho aislado sino como una plaga. Un estúpido procurará convertir en lo mismo a otro humano. Tenemos ejemplos muy claros en la historia contemporánea: la moda de los años 80, los memes de Internet, el triunfo de los reality shows… Ninguna de todas esas “cosas” mejoran al ser humano ni lo adaptan a un nuevo grado evolutivo. Simplemente restan. En el último siglo, abotargados por una revolución tecnológica establecida para tener más tiempo en el que desarrollarnos como personas, hemos usado ese tiempo en volvernos más y más estúpidos. Hemos retorcido nuestro mundo siguiendo a líderes democráticamente elegidos porque la mayoría posee el poder sobre los demás y, enfermos de estupidez, hemos cometido los mayores errores de la historia de la humanidad. Así que, si fuéramos capaces de medir, sin ninguna duda, ese parámetro antes de que nos lleve a nuestra propia destrucción, probablemente convertiríamos nuestro mundo en un lugar mejor.

»La principal duda que me surge es si acaso no es la estupidez el camino que desea la mayoría. Ser un robot evita el miedo a la libertad. Dejarse llevar por un ideal, cumplimentar un argumento marcado, pertenecer a una tribu o moverse en la dirección de la bandada de pájaros a la que cada uno cree pertenecer es, en realidad, una manera de vivir. Negarse a crecer, a decidir o a utilizar mejores herramientas, aunque estén a nuestro alcance, es también una decisión que se debe respetar. Si alguien desea ser estúpido hay que dejarle serlo.

»Pero no premiarle. Quizá ese sea el problema.

»Ese es un dilema moral que como científico no puedo ni debo de resolver. Solamente opino que más que medir la inteligencia, la capacidad espacial o de razonamiento, más importante aun que la propia salud personal o cien o doscientos virus que asolen algunas de nuestras ciudades, el estudio, valoración y, si es posible, la erradicación de la estupidez en nuestro mundo será la puerta a esa sociedad que siempre hemos querido tener. 

29 de mayo de 2023

Los premios menores.

Supongo que éramos un equipo, aunque nunca estuvimos federados. Ni siquiera nos hicimos unas camisetas bien chulas con nuestro nombre detrás, que es lo que tiene la pertenencia a un grupo pero la relevancia personal: son los mismos colores pero está personalizada. Será por eso que la camiseta de Vinicius y la de Asensio cuestan diferente.

Sin embargo, como en los grupos de rock, algo sucedió. No sé quien era Roger Waters de los dos, o el hermano limpio de los Cano. Si pudiera elegir yo quiero ser Lennon, Gilmour o Davies ( de nombre Rick, obviamente). El caso es que ninguno, visto desde perspectiva histórica, consiguió jamás la magia que tenían juntos. Se pueden hacer mejores canciones e incluso discos, poner encima de la mesa algún que otro directo histórico pero la verdad es que hay algo completamente intangible que desaparece cuando el equipo no está completo.

El ser humano es mezquino muchas veces y hay una parte miserable que parece que se levanta todas las mañanas con la firme convicción de romper lo que tiene creyendo que lo que vendrá después será mejor. También es cierto que hay un resquemor infinito que nos impide reconocer la calma con la que nos quedábamos dormidos en el sofá después de comer un sábado gris, casi como si fuera al calor reconfortante de una playa paradisiaca. Nos cuesta aceptar cómo éramos mejores e incluso la belleza desconcertante de todas las imperfecciones en las que chapoteábamos. Las mismas a las que nos agarramos para romper el grupo, para confesar que no éramos un equipo.

Sucede con los trabajos, con los amigos, las parejas, los amantes. Sucede con ese concierto al que no querías ir y del que te querías marchar, pero lo ves con otros ojos cuando aparece en Youtube. Sucede al recordar aquel día muerto de frío con la moto haciendo extraños en una carretera sin cobertura. Si te hubiesen preguntado entonces hubieses dado mil motivos lógicos para no estar allí, pero ahora los recuerdos y el vacío lo magnifica maravillosamente.

Hay una ley de vida que rompe las correas invisibles que nos atan a las personas. La gente se muere, se muda, juega a ignorarte, comete errores que no quiere admitir o simplemente es incapaz de gestionar los miedos comunes. Luego están las decisiones irracionales en las que, tras romper el equipo, ninguno ganará un disco de platino y mucho menos la próxima copa de Europa.

Los premios menores no son premios, son las mierdas que te tiran a la cara cuando preguntas si te va mejor ahora que ya no estás.

24 de mayo de 2023

Jodido woke: "tú no tienes matriz"

 La última tendencia es pos de la búsqueda de un mundo más justo es censurar esta escena:


A eso tenemos que sumar, y voy a contarlo de memoria, otras censuras aceptadas:

Acusan a Friends de homofoba y poco inclusiva
Piden no ver Grease porque no hay negros
"Lo que el viento se llevó" fomenta la segregación
....

Reconozco que he usado muchas de esas indignaciones como chistes, porque la primera, la segunda y hasta la quinta, me parecían fenómenos fomentados por majaras. El problema es que esa "cultura de la cancelación" tan de moda en la cultura Woke simplemente se utiliza como arma contra todos aquellos que , directamente , "no piensan como yo".

Por supuesto que si a eso le sumamos ese "presentismo" que juega al juego ( con trampa) de revisar la historia con los parámetros morales actuales, nos sale un coctel puñetero. Querer tirar abajo las pirámides porque las construyeron esclavos o dejar de usar un tenedor porque lo inventó un hombre suenan a actitudes enfermizas pero no se alejan de muchas de las indignaciones de aquellos que, poseídos por una supuesta moral concienciada basada en el bien global, vociferan lo que debes o no comprar, consumir o utilizar de alimento cultural.

El único resultado final que puede tener todo esto no es más que un puritanismo salvaje más inquisitorio que la misma inquisición. Cuando las libertades se cercenan no puede derivar más que en la falta de las mismas. Señalar, de forma discriminada y global, a cualquiera acusándole de los males del mundo te convierte a un nazi loco pintando estrellas de David en los comercios de Berlin. De todos es sabido que mantengo la idea, demostrada por hechos, de la igualdad absoluta entre los extremos. De la idea, por poner un ejemplo, que soporta que un imbécil de Vox, un imbécil de Podemos y un imbécil de Partido por la Liberación de Judea son iguales pero han nacido en sitios diferentes. Y eso, por supuesto, defendiendo que puedas pensar lo que quieras, porque eso no es delito. Ni siquiera es delito ser imbécil. El delito es comportarte como tal.

La trampa de esta moralidad, muy parecida a muchas otras trampas, reside en que si te digo que eres imbécil me responderás que quiero matar negros, quemar a homosexuales, encerrar a los gordos, castigar a los transexuales y, yo qué sé, irradiar con plutonio a las buenas gentes de Soria. Ante eso y ante un ejército furibundo de fanáticos que no dudarán en quitarte tu trabajo y marcarte de por vida, hay una mayoria de gente que se queda callada. Y la autocensura es una cosa muy mala.

¿Somos menos libres que en 1980?. Por supuesto.
¿Somos una sociedad que tolera mejor que en 1980 a los homosexuales , los negros, los gordos , los transexuales y los veganos?. Por supuesto que también.

Sin embargo esa mejoría social no viene de la mano de estos voceras de salón, activistas de click y cobardes que no van nunca a defender, por ejemplo, a las mujeres a Iran, sino que tienen un discursito miserable y no se dan cuenta el daño que hace, precisamente, a todo lo que hemos conseguido como sociedad porque fomentan, con nitidez absoluta, al un "otro extremo" que encuentra una justificación para comportarse como los esquizoides paranoícos que en realidad , también son.

No se dan cuenta que, joder: "tú no tienes matriz"

10 de mayo de 2023

Las etiquetas vs La calidad

Google, en su magnífica visión del mundo desde sus oficinas de Mountain View, ha decidido etiquetar los negocios para luchar contra el racismo. Por eso mismo en las fichas de algunas tiendas se puede leer: "Propiedad de negros". Con dos cojonazos.

También existen las leyendas: "Dirigido por mujeres", "LGTB+ friendly", "Espacio seguro transgénero" y cosas así. Todo maravilloso.

Será que soy un raro pero me importa, textualmente, una mierda pinchada en un palo si quien manda es una mujer o una cabra siempre que el producto o el servicio que voy a solicitar se haga correctamente. Desconozco el día en el que nos empezó a importar un carajo lo que vamos a comprar y fue más importante si el tipo que nos lo sirve mea sentado o de pie, si es adorador de Satán o si se la pela con los primeros videos de Wham!. Supongo, porque solamente es un suponer, que quien no ha hecho en su vida una barra de pan cree, porque estamos sumergidos en un mundo de estándares, que todos los panaderos lo hacen igual. Que todos los que tienen la carrera de medicina son médicos con las mismas capacidades y que, por supuesto, todos los que gestionan una tienda son exactamente iguales. Unicamente partiendo de esa premisa soy capaz de entender que sean relevantes otros factores.

Sin embargo, y esto es una lucha perdida, poner este tipo de adjetivos a un comercio se me hace muy similar al "Tienda de Judíos" de aquella Alemania. Es cierto que en este caso se intenta que sea a favor en vez de en contra, pero eso tiene más que ver con la visión del cliente que con la acción en sí. A mi primo Jose Ramon, de Burriana, si le dices antes de entrar que es "propiedad de moros", no entra. A alguna charocrática salvaje del Caribe, si le dices que es "propiedad de hombres", tampoco entra. Si el comercio es pequeñito y pone que es "gestionado por Gordos", te lo piensas. Y mira que la gordofobia es la última tendencia en victimización. Si la han cagado ya con las mujeres, los transexuales y los homosexuales, hay que añadir a los gordos.


De un tiempo a esta parte poner adjetivos a las cosas es una obsesión. Si vas a comprar pan y pides pan, en la panadería, esperan que le pongas apellido: de semillas, media cocción, gallega, rústica... Quiero pan, ya está. No es tan difícil. Crujiente por fuera y con miga para untar. No es mejor Mari Carmen López que Doña Luisa de Antuño Cifuentes de todos los Santos, las dos son "esa señora". Por supuestísimo, Mari Carmen la gorda y Mari Carmen la flaca, deberían de no tener adjetivo después del nombre. Un argelino asesino y un tipo de Mostoles asesino son asesinos. Las tendencias sexuales de la gente me importan exclusivamente si existe alguna posibilidad de que tenga sexo conmigo. Por lo demás, como si se la machaca con documentales de orcas asesinas.

Es cierto, por supuesto, que las palabras determinan cómo vivimos nuestro presente. Que si nos preocupamos de la manera en la que definimos nuestro entorno, éste va cambiando su realidad poco a poco eliminando aspectos que lo hacían bastante más áspero. No niego esa realidad pero se nos han ido las manos con la intencionalidad de etiquetarlo todo y creamos situaciones que sobrepasan lo entendible. -Hostia- le dice uno a otro desayunando un croissant que sabe como lamer el suelo de un after- esto está malísimo-. El otro le mira como si se hubiera follado a su gato después de votar a Hitler y le enseña la bolsa -Es LGTB+ friendly, fabricado por mujeres transgénero negras y gordas-. Así que, bajo la pena de haberse convertido en un homófobo racista que está en contra de la determinación sexual de las personas libres, te tienes que comer el puto croissant. Sin embargo los bollos que hace el repostero de la esquina, que se levanta a las 3 pero es blanco y le gustan las mujeres, no te los vas a comer por muy buenos que estén porque Google y los maestros de la nueva moral no le han dado respaldo intelectual. ¿A que es absurdísimo?.

Bienvenidos al mundo moderno homologado donde hacer las cosas bien, o mejor, es menos importante que la etiqueta.

Me encantaría que los que defienden estas gilipolleces fueran, no al mejor médico, sino al que sea gordo, negro, mujer, objetofóbico, hable euskera batua y con una polla tatuada en la cara. Ojo, que quizá pueda ser el mejor médico pero si jugamos a hacer un baremos de puntuación, las capacidades profesionales cuentan lo mismo que cada una de las estrellas anteriores.

Lo que no entiendo es cómo no nos hemos ido a la mierda ya. Buen camino sí que llevamos, sí.




6 de mayo de 2023

Del creador a la IA, pasando por el cuñado.

Hubo un tiempo en el que simplemente aparecer en un medio era casi un triunfo. Era la pequeña diferencia entre ser invisible y ser alguien. Si el periódico de tu ciudad te hacía una pequeña reseña en un pie de foto de un evento local, te guardabas el recorte orgulloso. 

Una de las primeras veces que hice algo de radio fue en el interior de una furgoneta rotulada con el logotipo de La Ser aparcados en zona de carga y descarga. La televisión, con un solo cámara y en un plató del tamaño de mi salón, me tuvo casi 15 años caminando por las calles recibiendo esa mirada de la gente que no sabe si te conoce de ser amigo de su prima Mari Carmen o de otra cosa. He firmado libros, he dado charlas con muy poca gracia y me han parado tres veces para pedirme autógrafos. Si lo vemos desde la perspectiva de los 80 se puede parecer a una orgullosa cuota de fama pero si lo vemos desde ahora es, sencillamente, una castaña pilonga.

Hace unos días un amigo , crítico musical aficionado, expresó, después de haberlo escuchado con atención, la deriva en la que van cayendo los antes aclamados Depeche Mode. El primer error que cometió fue hacerlo en facebook y de una manera pública. Como el lógico y esperable aparecieron comentarios muy a favor y muy en contra, porque lo moderado no existe en el mundo contemporáneo y mucho menos en Internet. Uno de los contrarios era tajante: "No tienes razón, es perfecto". Sin explicaciones, ni comentarios extras. "¿Me puedes explicar el motivo?"- le puso. Responder, en ese lenguaje no escrito de los comentarios, es una declaración de guerra. En ese caso vino la clave de todo: "Soy creador de contenido y como tal has de respetarme". No hay ninguna razón salvo el situarse por encima y con eso callarlo todo.

Antes de dejarse llevar por la ira tuvo a bien buscar aquello que convertía a su enemigo dialéctico en un creador. Quizá era el nuevo Joaquin Luqui y él no lo sabía. Spoiler: no era así. Era un opinador sin razonamientos. "Bueno", "Malo". Poco más. Dando exactamente lo mismo que fuera un disco, un restaurante de pizza con piña o un motor bicilíndrico refrigerado por aire. Es cierto que los algoritmos que pueblan las redes se retroalimentan de cuantificaciones y a un número indeterminado de reseñas cuantificadas (sin texto) te envían un correo diciéndote que eres "Local Guide", "Star influencer" o alguna soplapollez. Eso, cuando no te das cuenta que no significa absolutamente nada, alimenta tu ego y te hace creer que estás un paso por encima de la plebe. Engorda tu ego y te genera seguidores mentales que te argumentan el motivo por el que, sin más, tienes razón.

Con todo ello me percaté que cualquier cafre puede creerse una estrella de la tele porque tiene un canal en youtube, un rey de las ondas porque lucha contra los silencios en un podcast o un literato infinito porque cada seis meses pone una frase en un blog. Conozco a más de uno que dice que te hace las fotos de la boda porque publica lo que come en Instagram.

El peligro de todo esto es que los fotógrafos de verdad, algunos que saben escribir, los comunicadores y hasta quienes disponen del complicadísimo don de hacer buena televisión se cansan de tener que luchar contra ejércitos de mediocres que se caracterizan por el desprecio absoluto a hacer un trabajo de calidad.

Primero llegaron los voceras y el periodismo basura. Luego los imbéciles sin argumentos de Internet. Los que se graban en su cuarto haciendo el orangután. Las que se quejan de la cosificación de la mujer con fotos en micro bikinis de Instagram. Los graciosetes con un podcast y más de alguna pose con la gorra del revés.

Lo que se llamó "democratización de la cultura" , sin filtro alguno, nos ha traído oleadas de ruido y mucho autotune.  No hace falta pasar ningún examen para creerse Mariano José de Larra.

No os preocupeis, que la inteligencia artificial lo joderá todo aún más.


Pd: no estoy libre de pecado: tuve un podcast, hago fotos de mi moto en instagram, he publicado tres libros y mis tertulias eran retransmisiones de bar. Lo que no haré jamás será cantar y bailar.

1 de mayo de 2023

Resumen presentación GORA ESPAÑA

El 1/12/22 sucedió algo: España perdió con Japón , 2-1 , en un mundial. 

Y se presentó un libro que se puede comprar grácilmente pulsando AQUI

29 de abril de 2023

Egoista y Ganchito de Oro.

Conocí, en cierta ocasión, a un tipo que se ganaba (bastante bien, por cierto) el pan haciendo los ganchitos que se ponen los obreros para no caerse de las alturas en las protegidas construcciones de viviendas y obra publica. En realidad le importaba muy poco que fuera una cosa u otra, que las paredes fueran de pladur o de ladrillo, que se vendieran caras o baratas las casa, que fuera a ir a vivir Maria del Carmen o si se quedaban abandonadas. Él hace los ganchitos y punto. Le pagan por los ganchitos y no se rompe ninguno. El resto le da exactamente lo mismo. Como si cuelgan vacas sagradas de las fachadas. Siempre y cuando el uso sea el homologado y le abonen las facturas, da igual.
"Este es mi asunto. El resto es responsabilidad de los demás"

Una de las primeras cosas que me enseñaron en la escuela de ingenieros fue, precisamente, todo lo contrario. Al revés de los alemanes o los americanos que eran los reyes de la especialización, nos intentaban dar una concepción global del proceso para ser capaces de optimizar los recursos. No teníamos que saber exactamente la aleación con la que se hacen los ganchitos pero sí cuantos hacen falta y los lugares adecuados donde ponerlos para conseguir que el proceso se realice en menor tiempo y coste. "Ustedes"- nos decían casi en primero- "son ingenieros. Tienen que saber como se dibuja pero no tienen que ser delineantes. Tienen que saber como se produce una soldadura pero no son soldadores. Tienen que entender el flujo de datos pero no son informáticos"- seguía en un tono tremendamente clasista, porque eran los ingenieros de los 80- "Para mancharse las manos están los demás, pero ustedes han de conocer por qué se manchan y, sobre todo, si han hecho bien su trabajo".

Yo, que he sido ejemplo de interiorización, terminé sabiendo un poco de casi todo pero no siendo experto en nada. Un montón de años y ecuaciones después me había convertido en un cuñado de lujo y en alguien obsesionado en saber el por qué. No me vale saber el mecanismo del interruptor sino la magia que lleva a convertir el embalse de un río en luz que se enciende al pulsar el botón.

Varios, demasiados años después, me voy dando cuenta que estaba equivocado. El mundo no es de aquellos capaces de separarse de los detalles y aprender a mirar en global sino de los que se preocupan exclusivamente de sus pequeños reductos de especialización ignorando el global. El mundo, si fuera una comunidad de vecinos, se compone de personales e independientes viviendas sin que nadie se preocupe de la limpieza del descansillo y mucho menos de la decoración del portal. Nadie quiere estar en el equipo ganador porque no hay reconocimiento personal pero todos quieren ser Messi.

Y Messi no es nadie si no le pasan el balón, pero eso lo tiene que hacer otro. Hay muchos partidos en que le ves andando por el campo esperando el momento en que le toca correr como una gacela porque defender no es su cometido. Es el mejor en lo suyo, pero no es capaz de hacerlo todo. Además, no le importa excepto en lo que pueda interferir en su éxito personal.

Muchas veces me pregunto el motivo por el que nos hemos convertido en ególatras que no quieren mirar alrededor. La respuesta es clara: soy capaz de controlar un pequeño reducto de universo y creo que soy capaz de hacer que no haya nada que se me escape o que sea imperfecto. Por el contrario, si quiero preocuparme por un todo habrá algo que no esté bien, que no sea adecuado o que sea realmente mejorable y eso ya no me hace ser el mejor de mi mundo, sino un mierda más de una realidad imperfecta. Puedo idealizarme y estar orgullosísimo de mis ganchitos. Quiero la bota de oro, el campeonato del mundo y el world best ganchito men. Soy el jodido Messi, ríndeme pleitesía. "Pero si la casa se vino abajo"- le respondes- "Eso es cosa del arquitecto. No es mi problema. ¿Se rompió algún ganchito?. Pues ya está."

Terminamos siendo actores correctos preocupados por la pequeña escena en la que salimos sin ningún interés en que sea una buena película. El cine cada vez cuenta menos historias y tiene más efectos especiales.

Ni las leyes, ni los ministerios, ni los jugadores, ni los trabajadores, ni los artistas ponen por delante de sus propios intereses el resultado global. Son los signos de los tiempos. Cada vez somos más egoístas para no tener que asumir que no somos perfectos y, sobre todo, que dependemos de los demás. Será por eso por lo que no hay aceptaciones de los fracasos, sino solamente excusas.


22 de abril de 2023

La importancia de sentirse único

Alguien bastante más listo que yo me contaba, delante de un anaranjado salmón a la plancha con salsa tártara, lo mucho que le sorprendía esa necesidad tan contemporánea de sentirse importante. Pero no porque alguien te trate bien sino porque algún tipo de algoritmo te diferencia antes de llevarte por el lugar que le de la gana. Me explicaba como, de una forma casi irracional, hay una obligación de sentirse especial y único en cada situación. Que ni siquiera tenía que ser algo mejor sino diferente. "Puede que a todo el mundo le den un caramelo y a ti nada, pero ese nada es lo que te diferencia de los demás y ya está, ya te sientes especial". No tiene que ser bueno ni tiene que ser verdad, pero tiene que ser.

Un rato después, procrastinando como quien mira por la ventana la vida de los demás, me encuentro a uno de los tipos más conspiranoicos, voceras, orgulloso de si mismo y con una posición moral por encima de la media, que cuenta en una red social que se ha puesto duro con la red y que de ninguna manera va a ser censurado por sus libres opiniones a manos de la opresión de los medios. "He mandado un correo muy duro haciendo valer mis derechos"- dice con orgullo. Yo pienso que ningún humano habrá al otro lado, que a la red en cuestión le importa menos que cero pero que seguramente toda esa dinámica le hace sentir único y especial. Y eso es lo que le importa mientras su sesgo de confirmación se alimenta con esos que le incitan, como los que animan desde la trinchera al primero que sale corriendo hacia la trinchera enemiga, contándole lo valiente que es.

Hay que reconocer que se ha avanzado mucho desde esas cartas que llegaban a casa con "Estimado ______ " y hasta el tipo de letra era diferente en el nombre, a esos mensajes personalizados que utilizan algún dato irrelevante pero que te hace sentir que te vecino no es tratado igual. Si ves anuncios de motos te envían un artículo sobre la que te gusta y si te pasas el día fisgando a morenas en Instagram, sale una morena que te cuenta lo que sea. El objetivo siempre es el mismo, pero se hace de una forma mucho más sibilina. No hay gran diferencia entre un taxi y un Uber o entre un fraude de Internet y Tony Leblanc haciendo un tocomocho en la estación de Atocha. La estrategia de ventas moderna pasa por preguntarte tu nombre al principio de la conversación para hacer hincapié en él mientras te explican las bondades del producto.

Aunque es obscenamente obvio parece que resulta rentable.

"Y"-me sentenciaba cuando ya no quedaba salmón-"lo jodido es que no importa que el producto sea mejor sino lo importante que te haga sentir la compra". 

Así que le tuve que dar la razón aunque fuimos a un restaurante que él conoce y al que le gusta ir porque le tratan por su nombre.

31 de marzo de 2023

Gone with the wind

 


¿Cuando se fue todo a la mierda?
Te crees que controlas, eres el rey del mambo. Pues nada más que eres un gilipollas, que no controlas nada. Un día llegas a tu casa y ya no está. Crees que puedes hacer lo que te salga de la polla, que ella te va a estar esperando siempre. Que no tiene vida, que su vida eres tú. Otra vez: "gone with the wind".


Ultimamente esa es una escena que me viene continuamente a la mente. No por el adolescente ingrediente del amor perdido y la pena infinitamente melodramática que emana, sino por el hecho, empíricamente demostrable, que supone que todos, absolutamente todos los que han vivido entre los 45 y los 55 años reciben una bofetada que les pone la cabeza del revés. Lo más importante es que es algo con lo que no contaban. Por eso me lleva a la escena. Gone with the wind.

Puede ser un despido, un divorcio, una muerte, una enfermedad, dos lesiones, un duelo mal llevado, un giro del destino laboral, un accidente o cualquier otra cosa con la que no se contaba porque, precisamente, ya creían que estaba todo bajo control, que eran los reyes del mambo. Nada más eran unos gilipollas.

Hay eventos para los que uno se prepara: para ir solos al colegio, para la vida laboral, para el desamor o incluso para los acercamientos y alejamientos en la vida sentimental. Sin embargo se supone que todo eso es para lograr unas bases y una artificial sensación de asentamiento. Que llegue un día en el que sepas que al llegar a casa, después de un trabajo que no te desagrada y por el que te pagan, encuentres la paz que te mereces y tengas algo parecido a un regusto de serenidad. Un refugio, me gusta decir a mi. Básicamente es algo parecido a haber perdido el miedo a conducir y disfrutar del paisaje mientras pasan los kilómetros. Los anuncios de la dirección general de tráfico son claros: es ahí cuando llega el riesgo y es ahí cuando el anuncio pasa de gustoso a dramático. Ahí es cuando unos segundos de exponen a cámara lenta y todo cambia de paz a ruido y de ruido a silencio hasta que llegan las ambulancias.

Según voy preguntando, nadie se libra de ese momento.

El segundo punto es cómo se reacciona. Ahí existen una disparidad de personajes. Quizá el más fácil es la recién separada que se viste como creen que se visten las personas de la edad que ella cree aparentar y descubre, a las cinco de la mañana, que no tolera el alcohol como considera ni ese príncipe guineano era príncipe. Quizá también hay quien se encierra en un pequeño mundo que supone a salvo de las maldades del exterior. Hay quien, con una crisis de niñato adolescente, se pone un implante de pelo que se nota y se compra un deportivo. Hay quien, y conozco alguno, se refugia en aquellos años en los que recuerda haber sido feliz y vuelve a comprarse en vinilo todos los discos de Duran Duran, o se va a primera fila de los conciertos de La Polla Records a sus casi 60 años. Muchos beben porque creen que se socializa mejor y más de uno vuelve a drogas de otra época. Las reacciones, después del golpe, son demasiado variadas pero casi nunca van a mejor sino a olvidar o creerse quien no se es porque la persona que creíamos ser, no somos. Creíamos que controlábamos, que éramos los reyes del mambo.

Y ahí está, otra vez: "gone with the wind".

29 de marzo de 2023

Un año sin libélula.

Elegía las películas por el título. Daba igual la calidad. Si era algo así como "el lúgubre escarnio de la juventud", tenía que verla. Sabía que era mala, pero las conocia todas. Así que se acurrucaba en un pequeño sofá y se tapaba con una manta para caer dormida a los pocos segundos. Nunca recordaba el argumento pero yo sabía que me iba a jurar haberla visto porque simplemente, era así.

Siempre le cogía la muñeca y la rodeaba con mi mano. "Te estás quedando en nada"- regañaba si es que era capaz de tocar mis dedos haciendo un círculo y ella la quitaba diciéndome que comia lo suficiente y que no me preocupase. Se empeñaba en rescatar a los demás continuamente impidiendo, como efecto contrario, que alguien la fuera a rescatar.

No sé hasta que punto sabía que estábamos ahí.

Tenía un jersey arrugado y viejo al que se abrazaba al dormir. Siempre el mismo, como una necesidad de sentirse acompañada. Ponía nombre a todo lo que entraba en su mundo: Indarki, era su nuevo coche, poderoso y chiquitín.

Aquellas navidades hasta le había tocado la lotería. Pintó la casa. Me llamó para preguntarme si quizá era un buen momento para arreglar el baño, tirar algún tabique o volverse loca y buscar otro piso. Me había enseñado, unos meses antes, cómo estaba pintando la habitación de su hijo para hacerla parecer más de mayor que del niño que tuvo. Pusimos juntos la lámpara que estaba sobre su cama. Le dediqué un capítulo de un libro. Estaba algo triste pero me llamó para contarme que "ya está. Me conoces. Me acurruco en mi cama con el jersey, apago la luz, lloro un poco y se me pasa".

Miraba como si la ilusión se la llevara al verte. Este invierno estrené una bufanda que me regaló hace varios años. Le gustaba hacer carrilleras. Se reía de lo torpe que se sentía en clases de ukelele, en un gimnasio que había encontrado o dando larguísimas caminatas los domingos. Fue la primera persona a la que llevé en mi moto con su pelo rojo y rizado, agarrándose y diciéndome que no corriese. Los jubilados que toman un vino antes de ir a comer justo delante de donde aparco me hicieron bromas cuando me vieron con ella.

Yo fumé, alguna vez, en su terraza. Un lugar alto, con un gran vacío delante y un cenicero sin vacíar escondido en una esquina.

-Si seguimos así, Ricardo- me decía- Tendremos que pensar donde nos vamos a ir a cuidarnos mutuamente cuando seamos viejecitos.

Yo me estoy haciendo viejo como terminan las canciones que no acaban, como resuenan los mensajes que no mandas. 



Se reía. Sus piernas como palillos caminaban a mi lado. Me llamaba "cariño" ,con mucha C, porque sabía que eso me hacía rabiar y aunque los dos teníamos nuestras vidas no dejábamos de mirarnos de reojo. Cada semana, más o menos, nos poníamos al día y yo llegué a creer que esa llamada de los domingos era una buena costumbre. Por eso sabía que por fin estaba tranquila en el trabajo. Que su padre ya estaba en una residencia después de mucho solicitarlo. Sabía que las luchas contra la adolescencia de su hijo iban por un buen camino de superación y que la casa había quedado bien pintada. Probablemente, después de un año, creo que haber ganado todas las peleas que tenía en marcha fue el principal motivo. Quiero pensar que es eso porque sé que no le gustaba dejar las cosas a medias.

A los nos gustaba sentirnos útiles.

Así que cuando la vi tumbada, demasiado seria para ser ella y tras el cristal, le dije, porque estábamos solos en el tanatorio, que era una putada lo que había hecho, Hay gente especial que se hace un hueco en tu vida y sabes que es tan suyo que no puede llenarse con nadie que escoja las películas tan mal, te sonría tanto, se empeñe en salvarte, no engorde nunca y haya saltado de un balcón que veo cada vez que paso por la autopista. Entonces es cuando me quedo, en silencio y triste, recordando cómo salía del portal un poco tarde, con un pantalón estrecho, algo de color al cuello y una sonrisa infinita al encontrarme.

La última vez que lloré sin poder parar fue porque te fuiste. Hace un año de eso.