En enero del 2009 yo estuve en ese concierto. Era la gira del primer disco de Vetusta. Fue un gran concierto. Eran frescos, limpios, duros y cultos. Tenían la pureza de alguien que se dedica a lo que le gusta y puede, por fin, salir a la luz y soñar con vivir de ello. En 2018 les volví a ver en un espectáculo industrial, programado, manufacturado, comercial y con exceso de aforo. Decepcionante. Mucho mensaje. Mucho buenismo. Frialdad del artista que no sabe si está aquí o allá. Hay faltas de emoción que, por mucha sobreproducción que haya detrás, se contagia.
A veces creo que debemos de ser conscientes de lo que sabemos hacer bien y procurar no salirnos de ahí. Tenemos el riesgo de convertirnos en Madonna, que aunque ha sacado (después de varios desastres) un buen producto, hace tiempo que es la versión "Abuela Paquita" de ella misma.
Sin embargo no quiero irme a esos lugares en los que alguien evoluciona a peor, que es una forma de evolución. Sabina dejó de ser brillante a partir del Mentiras Piadosas. Coldplay a mitad del tercer disco se convirtió en una broma. Prince siempre fue brutal, aunque no me gustara su época más pop. A lo que me refiero es a todos aquellos que creyendo que porque han sido exitosos en una de las facetas de su vida vengan a pensar que todo lo hacen bien. Una vez se vendió una tostada mordida por Lennon como si fuera el jodido mordisco de Dios. Cuando se metió en la cama con Yoko Ono ( la que tiene la culpa de todo) lo hizo por creer que aparte de lo musical, también era el faro de la moral y la verdad. Quizá es un efecto secundario de la fama. Aceptar que siempre estas en lo cierto, como un mesías. En un mundo en el que todos debemos de tener una opinión formada sobre todos y cada uno de los temas, disponer del altavoz de la fama suele significar hacer el ridículo. Joder, si yo soy un bioquímico con seis premios nobel, dispongo de la misma integridad intelectual para hablar de geopolítica que José Ramón, el del quinto. Es más, probablemente Jose Ramon, que no tiene que perder la financiación de ningún proyecto de investigación, sea más libre que yo. ¿Hay que hacerle más caso?. Tampoco. Los opinadores más firmes que conozco son, en su mayoría, idiotas sectarios.
Por supuesto que el hecho que un famoso exprese una opinión no debería de afectar a su trabajo primario. El primer y segundo disco de Vetusta son excelentes. Woody y Michael son referentes artísticos por mucho que uno se haya casado con la hijastra adoptada y exista el rumor (no contrastado) de que al otro le iban los menores. Pero cuando Susan Sarandon, Almodovar, Wyoming, BB, Bertín o San Pito Pato me intentan dar lecciones de moralidad, me jode. Cuando en 2018 Vetusta usó el concierto para jugar al juego de las enseñanzas morales de qué es lo bueno y qué es lo malo, dieron por el saco. Hay un universo diferencial entre la militancia de 1971 (Aretha, James Brown, Bowie, Marvin, los Rolling, Stewie, Dylan...) y la de ahora. Siento decirlo. Si en aquella época, quizá con la distancia, se enfrentaban a problemas tangibles, ahora hay un tufillo a campaña publicitaria continua. Como todo lo que tiene que ver con el compromiso y la bondad humana, dudo de si es cierto o comercializado.
Bon Scott abogando por las drogas es coherente sabiendo que terminó frito, tras una noche más de excesos, en el asiento trasero de un coche. Muhhamah Ali resulta creíble cuando se la jugó negándose al reclutamiento y, con una medalla en la mano aceptando que su pais, aún siendo el mejor del mundo, tenía mucho que hacer en cuestiones raciales. Recordemos que en aquella época quemaban a negros en los campos de Alabama.
Admiro profundamente a todos aquellos que, esté de acuerdo o no, hayan arriesgado parte de sus vidas, tiempo, dinero o beneficios en pos de algo que consideraban justo. Ser cura en la república, antifranquista con Franco vivo, defensor de la democracia y la vida en Euskadi en 1983, objetor en una guerra de reclutación obligatoria o marica y comunista en la época de McCarty.
Por el contrario desprecio, cada vez más, a los que van de antifranquistas en el siglo XXI, los que solamente defienden al colectivo en paises y sociedades donde la libertad sexual es una obviedad, quienes hacen publicaciones con sus iphone contra el capitalismo y a favor del ecologismo o los que, hoy, se ponen muy dignos con la vivienda en el primer mundo pero ponen el piso que vayan a heredar de la Abuela a un pastizal que lo flipas. Cuando huele a anuncio de colonia, me huele peor. Aborrezco a los que se ponen una bandera y se van a dar tres grititos para, después, ir a clase de batucada o de senderismo patrocinado por Qhechua. Una cosa es no hacer nada y otra es no hacer nada creyendo que estas haciendo algo, porque eso es de hipócritas. A ti y a mi nos la pela Mari Carmen pero yo soy el malo porque lo digo aunque los dos hemos hecho lo mismo.
Cuando la militancia va sin efectos, es un anuncio.
Y hay demasiada publicidad.
Me da más tranquilidad quien acepta que es un hijo de puta a quien me dice que es Santa Teresa de Calcuta pero, si lo miras de cerca, es un hijo de puta. Soy de aquellos que son capaces de reconocer la verdad personal, aunque no esté de acuerdo. Prefiero que me digas que no me quieres a que me jures que me quieres cuando hueles a otra persona.
pd: si, hay un video de los hombres G, pero es que me lo sacó el algoritmo.
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