Mal dia para buscar

12 de febrero de 2015

50 sombras de Luisi

(Literatura de otros)

Ante el estreno de esa película que irán a ver los (y sobre todo las) cinéfilos que la última vez que fueron al cine fue a ver 8 apellidos vascos... recupero un texto de Angel Sachidrián titulado: 
50 SOMBRAS DE LUISI.

Salgo de musicoterapia y voy a tomar algo con las amigas. Con todas menos con Reme, que le ha dado la ciática en la conga y se ha marchado a casa. Vamos a un sitio nuevo que conoce Virtudes que por dos euros te ponen una caña y un pincho así de grande, que con un par ya has cenado.
Allí la Marce nos cuenta que se está leyendo el libro ese de darse azotes. Por lo visto es de un señor rico que coge a una chica jovencita y en vez de darle besos y hacerle arrumacos la toma por una piñata y la escaralla. Es lo que se lleva ahora en el sexo. Claro que a ella le debe gustar porque vuelve a por más, como la gata flora, que si se la metes grita y si se la sacas llora.
El caso es que de camino a casa no dejo de darle vueltas al tema y me sorprendo a mí misma pensando en hacer algo parecido con Manolo, que es lo que tengo disponible. No es que a mí me guste que en la cama me traten como a una yegua, pero a lo mejor así resucitamos nuestra vida sexual, que lleva muerta desde que empezó a tener más tetas él que yo.
Llego a casa y me doy una ducha de las esmeradas, poniendo especial énfasis en frotar el peluche y aledaños, que quede apetitoso. Luego voy al salón en ropa interior, apoyo una mano en el marco de la puerta y le digo a la cosa esa que hay despatarrada en el sofá que me acompañe a la habitación.
Él no entiende nada pero obedece, por no discutir y porque el tema pinta retozón, que no acostumbra. Así que se pone en marcha y cuando pasa junto a mí le suelto un manotazo en el culo y un “que te como, pirata”. Crece su extrañeza.
- Luisi, ¿has bebido?
- Calla, señor Bermúdez, y tira que te voy a dar la paga -. Le doy otro azote mientras avanzo detrás de él.

Manolo en estas cuestiones muy exquisito no se pone. Cuando cruzo el pasillo y le doy alcance, él ya está con los calzones por los tobillos diciendo “rápido, que empieza el Pasapalabra”. Pero no le hago caso. Hoy no va a ser el “aquí te pillo, aquí te mancillo” de siempre.
Le digo que se tumbe boca abajo y pienso. Necesito un látigo, que es muy erótico, que me lo ha dicho la Marce, pero en casa no tengo de eso así que cojo un cinturón, uno con la hebilla de golfi. Así, en bragas y con un antifaz de cotillón, le arreo un latigazo en la espalda. Manolo se caga en mis bisabuelos, en mi gazpacho y en el ministro de hacienda.
Hay que pensar otra cosa porque la dominación con latigazos no ha dado los resultados esperados. Manolo sigue retorciéndose intentando que la mano le alcance la zona donde le he atizado para aliviarse el escozor. Así que ahora me tumbo yo en la cama y le pido que me dé azotitos. A la segunda hostia que me suelta en el culo con la manaza abierta, que la tiene como una peineta de berenjenas, estoy empotrada contra el cabecero de forja toledana. Esto parece un rodeo americano. Así tampoco.
- Te voy a estimular el punto ge - le digo con sensualidad, pasándome la lengua por los labios. Quizás haya exagerado un poquito el matiz sexy y haya parecido una vaca bebiendo, pero bueno, ya está hecho.
- Eso - dice él -. Bájate a los columpios que tengo la mazorca a punto de hacer palomitas.

Para mí que este no se ha enterado muy bien de lo que le voy a hacer. Me humedezco un dedo con saliva y le pongo la banderilla. Manolo clava las uñas en las sábanas, aprieta los dientes y su voz se vuelve aguda. Su cara ahora mismo es como dos huevos fritos con labios.
- Hiiiiiija de puta…
Saco el dedo deprisa. Ya no sé ni por qué sombra voy, pero a las cincuenta me da a mí que no llegamos. Voy a pasar al erotismo verbal. Esto no puede fallar porque lo he visto en un montón de películas españolas y siempre funciona.
- Manolo, dime cosas feas
- Guarrilla
- Eso es
- Putita
- Así, sigue, dime más
- Cotilla, histérica, eres como tu madre, todo el día tocando los cojo…
- Pero qué hablas, borracho
- Yo a esa señora no la quiero más aquí en Nochebuena
- Mira, Manolo, mi madre vendrá a esta casa cuando ella quiera. No empecemos otra vez con lo mismo, te lo pido por favor.
- Bueno, pero hay mandanga o no hay mandanga
- Ya por no oírte, hijo mío
- Venga, ponte boca arriba, a ver si me da tiempo de ver el rosco, que hay casi un millón de bote
- ¿Ya estás dentro?
- Qué hija de puta de eres


11 de febrero de 2015

España, este país.

España es un país donde es noticia que se devuelva una cartera con dinero porque se presupone que quien se la encuentra llega antes al "si se la ha dejado aquí es porque no le hace tanta falta como a mi" que al "no es mia y no me lo merezco". Es un país donde se redujo la velocidad a golpe de multa porque poniendo muertos en los anuncios no se lograba nada. España es un país donde nadie es rico sin robar o por ser más listo o inteligente que tú. Es donde, aún desérticos, el césped siempre es más verde y está más duro el culo de la vecina. Es el país del "sálvese quien pueda" y en el que aún estamos a flote porque vivimos rodeados de ratas. Es el lugar del mundo donde más se adelanta por la derecha mientras se saca el dedo a los que esperan en el atasco. Es donde el intermitente parece un derecho de pernada en los carriles de la Gran Vía. España es un lugar donde se pregunta por la paga extra antes que por el trabajo en si mismo, donde se culpa a la herencia árabe, gitana, germana o romana cuando es una obviedad que se hace una estupidez y no ha funcionado el "no es lo que parece".
España es donde se asegura que el muerto era un tipo excelente, donde se amenaza con una denuncia si te insultan después de colarte en la cola de la panadería. España es un lugar donde refugiarse en una minoría para ganar la discusión. En España todos hubieran ganado las olimpiadas pero uno tuvo diarrea, otro se torció un tobillo, el tercero estaba deprimido por culpa de su mujer y a la mujer le dolía la cabeza por el ruido de los de arriba. Los de arriba habían discutido por no llegar a fin de mes porque la empresa estaba en suspensión de pagos y lo estaba porque los clientes no pagaron. No pagaron porque, más listos que nadie, pusieron la hipoteca en yenes y el Yen se desplomó. En realidad todo es culpa de los japoneses porque si el problema de España fueran los españoles, entonces no sería España.

Pd: y todo esto viene de la demostración de que en España los pobres se roban los unos a los otros. Tengo un amigo, de esos que devolverían la cartera con dinero, que dice que es un problema de abusos de ricos, yo le digo que es educación pero es que no conozco a mucha gente tan educada como él.

9 de febrero de 2015

Los suicidas siempre mueren solos

(Literatura)

Juan Rodríguez, con el smoking recién estrenado, dejaba caer el coche como si fuera una prueba de ahorro o una falta de prisa por llegar, en el lado lento de la autopista. Era el día de su boda. Buscó ese trayecto para un pecado solitario, para, en realidad, fumar con la ventanilla abierta y tomar el aire enviciado de algunos de sus pasados y algunos de sus inciertos futuros. En algún lugar, ilusionada mirando al espejo, ella estaba de blanco rodeada por las damas de honor, una docena de parientes y las luces de las ilusiones. Por alguna razón solamente era capaz de verla en medio de una luminaria dispuesta a ser tapada por el velo de su mediocridad, del miedo escénico de un artista poco capacitado, de la imposibilidad económica de un contable vulgar, del anonimato de Juan Rodríguez, que no tuvo original ni el nombre ni el apellido, ni siquiera la combinación de ambos cuando se buscaba en Internet.

Una ráfaga de aire metió ceniza en el interior, justo sobre la camisa. Un volantazo. Carril derecho y pisar el arcén. Un rechinar de las ruedas. Un susto, en definitiva. Una nueva torpeza intentando quitarla a manotazos. Una muesca en medio del pecho como un lamparón, como un imperdonable.

Cogió el carril lateral y se detuvo. "Habitaciones desde 20€"- decía una tela iluminada por un rótulo rojo de Club. Sentado fuera sobre el capó dejó ceder el cuello y estiró los hombros como intentando espantar fantasmas en medio de la gravilla. Se vió desde fuera. Con el sonido del tráfico que se parece a ventiscas y en un travelling que le lleva de un plano global a un primer plano, quizá tres cuartos, para que aparezca el coche. Lo llaman también plano americano si es que aquel sitio fuera una taberna de la ruta 66, pero no lo era. Era oscuro, sí. Limpio pero antiguo, con esas marcas en los baldosines que tienen los años. Con una modernidad mal entendida si fueran los 80 y, probablemente, esa sensación de tiempo parado que llevan consigo muchas tabernas donde la televisión es una distracción continua que alterna fútbol, telediarios y noticias de lugares lejanos mientras allí mismo nunca pasa nada y todos los días se suceden sin el vaivén que tienen las semanas.

Pidió una cerveza. Preguntó, casi de una forma rutinaria ante el vacío del aparcamiento, si quedaban habitaciones libres. "Si"- le respondieron. "Quiero una"- afirmó sacando un billete del bolsillo interior. "¿Quiere una chica?". "No". Pagó. Cogió la llave. Salió a fumar un cigarro de nuevo, arrastrando los pies para dibujar un rumbo en el suelo. Dibujó el miedo. Dibujó la inquietud y dibujó un muro. Dibujó un error al seguir y un error al quedarse. Dibujó la espiral de mil universos paralelos. Dibujó una luz y cien tinieblas. Se dibujó sobre una cama con las sábanas quemadas en un lateral de la autopista, y en posición fetal.

Entonces descubrió la sensación que lleva a los suicidas a ser personas que siempre mueren solos.

Para no arrastrar a nadie más en la caída.

Tiró la llave. Cogió el coche. Siguió su rumbo. Desconozco el final de la historia.

7 de febrero de 2015

Los clones emocionales.

Los seres humanos somos cobardes cuando nos bloqueamos en el muro incierto de las decisiones. Somos estúpidos cuando nos dejamos llevar por algunos impulsos. Vagos, cogiendo la comida en el supermercado del estante que se encuentra más cerca de los ojos en vez del inferior. Torpes, excusando errores obvios. Y primitivamente incautos cuando consideramos que somos capaces de proezas divinas.

Las cuerdas que nos sujetan a la vida, supuestamente basadas en la razón y la ciencia, en lo lógico y en el orden, cada vez se van llenando más del moho de las emociones que son, al fin y al cabo, la nueva droga legal distribuida por los camellos de la publicidad y el escándalo, por los yonkis del periodismo y la conspiración, por la lencería mentirosa que arrastra hasta la pared antes de descubrir algunas falsedades pero que entonces, como un voto en un programa electoral imposible, ya ha cobrado su tasa.

No hay anuncios que hablen de las ventajas de un vehículo sino de la emoción de conducirlo. No hay canciones de rutina agradable sino de despechos y de pasiones. No hay política que parta de una situación real caminando por intentos lógicos de solución sino venganzas y escándalos casi como una denuncia de haber pagado a un árbitro para no pitar un penalti. El árbitro no se equivoca, se corrompe. No hay una posición entre "te quiero" y "espero reírme cuando te hundas". Abstemios o borrachos. Ola de frío polar o calor sahariano. Familia feliz o divorcio. Frígida o puta. Machista o calzonazos. Ganar o perder. En los deportes modernos el empate es un sinónimo de aburrimiento.

La emoción, en cualquiera de sus direcciones, parece ser la nueva necesidad. Sin emoción, sin correr desnudos por la playa, sin una tarde lluviosa en la que la ves de la mano de un tipo más guapo en Gran Via, sin un mitin emocional y con contenido discutible o sin una entonación que haga de ese dato un escándalo parece que no ha sucedido nada cuando, sin embargo, siempre suceden cosas. Y cuando suceden desde la calma es cuando, probablemente, se quedan. El resto son emociones que duran lo que dura un anuncio: 20 segundos.

Así que ahí estamos, cobardes , estúpidos, vagos, torpes o incautos, expectantes ante la nueva montaña rusa. Pagando nuestro billete para muchos viajes cortos que nos devuelven al lugar de partida porque alguien nos ha convencido que es, subidos en la atracción, donde reside nuestro bienestar. Altera los niveles de serotonina como sus caderas haciendo un arco, como su culo bailando sin camiseta buscando la ropa o como sus gritos, ahogados o directos, convertidos en flechas con las puntas impregnadas en dosis de pasión o desprecio que nunca esquivamos.

Caemos en el discurso del político justiciero o del perseguido por el poder, creemos sentir la chispa de la vida que nos quite el óxido de una rutina inexistente, somos perros encharcados ante pequeños dramas y buscamos la conspiración cuando la sinusoide de la verdad no tiene una gran longitud de onda.

Sin pensar, porque es menos divertido que sentir, aunque ya de igual lo que se sienta y solo se busque sentir violentamente.

Somos porosos porque no nos dijeron que aquello, de una forma desmedida, nos convertía en clones impersonales de lo que se supone que teníamos que ser. Nuestra debilidad y necesidad es un caldo de cultivo para los mensajes publicitarios, amantes o amistades perdidas que nos prometen sexo, subvenciones, coches, teléfonos, ropa limpia, amor infinito, drama descarnado, venganza o subversión a cambio de monopolizar ese pequeño temblor que aparece cuando se descubre, en la intimidad, que se es humano.

Clones emocionales. Marionetas con hilos de moho. Votantes. Despechados. Enamorados. Fachadas o escondites.

3 de febrero de 2015

Mr Selfie

Me sangran las encías cuando me lavo los dientes. Hace años no pasaba. Tampoco tenía estas ojeras infinitas y creo que disponía de una mejor memoria y de unas ilusiones desmedidas porque creía en unas capacidades casi superpoderosas. Era mucho más viril y tenía vacío el baúl de los fracasos, ese sobre el que me tengo que sentar después de abrirlo, todas las noches, para rememorarlo como un autónomo resignado convertido en mendigo haciéndose la cama en el próximo cajero.

Quizá por eso, por un pasado martilleante o por miles de momentos similares a la sensación incómoda que nos nos gusta vivir porque nos hace mortales y pequeños, hay quien vive mirando al teléfono para certificar, al volverse a la cama, que ha vivido un día aburrido cuando, en realidad, pasan cientos de sucesos a su alrededor mucho más bonitos que una nueva foto de perfil.

Mr Selfie from weareseventeen on Vimeo.

1 de febrero de 2015

Rafa Pons (Y el TLP)

Estoy absolutamente seguro que si alguien fuera capaz de hacer una canción sobre dos personas con transtorno límite de personalidad que se entremezclan en medio de una sociedad que les corroe, esa persona sería Rafa Pons. Bueno, lo SUPONGO. Lo supongo si partimos de la CALMA que nos lleve irremediablemente a la MALAPUTA para, después, reconocer UN POCO IDIOTA que es complejo NO SABER QUIEN LLORA.

"Ya no me asusta el invierno, me doy más miedo yo"- es una frase de perdedor pero también es una frase de psicólogo capullo y abandono en SILENCIO. Es una frase que tiene un poco de no llegar y un mucho de MUCHAS VECES. Querer, como si fuera una baldosa, es, de esta manera, pensar en ti:
Y después, querer a una ESTUPENDA de esas formas que quieren los que disfrutan del fútbol porque nunca entendieron a Nietzsche, porque nunca fueron una estrella de cine o aprendieron a afeitarse correctamente, hacerse el nudo de la corbata, seducir con flores, olvidar sin recovecos o no aceptar que querer también es querer para Noanainoninonero
Si tuviera que expresar al tipo comiendo de la palma de la mano que tiene que salir volando a trompicones cuando va a sonar la palmada eso es una hipérbole de los pequeños fracasos de los que viven las canciones de cantautores que se equivocaron de generación, de los que se quedaron EL ULTIMO PEDAZO DE PASTEL sintiéndose BOBO como el que es un hipocondriaco de las psicopatías, como el que no entiende lo que sucede, como el que te recomienda: OLVIDATE DE TI:
Creo que todo eso es Rafa Pons , una ESTRELLA DEL SHOCK
Un dia es un perdedor, un día está enamorado, mañana está abandonado y siempre un poco perdido.

Se define con relaciones extremas, imagen propia distorsionada e inestable, comportamiento impulsivo, ánimos intensos, sentimiendo de vacío, ira y estrés: Lo llaman Trastorno Límite de Personalidad cuando es eterno.

28 de enero de 2015

Queridos hijos de puta

Llevo un tiempo pensando en clave de agotamiento, en el gesto del pez sacado fuera del agua agitándose con exceso aire y dando coletazos sobre el fondo mientras sus compañeros yacen muertos y mojados a su lado. Cuentan que alguno, en un último estertor, logró volver al río aunque basándonos en las leyes de la estadística, va a morir. La mayoría, siguiendo la ley empírica de la bandada de Juan Salvador, han aprendido a vivir más cómodos continuando las leyes no marcadas de la subsistencia de la especie. Desovan a un lado, abren la boca con cara de asustados mientras nadan en círculos durante la vida y mueren en la barca.

Me he cansado de clamar por la estupidez global hasta llegar a la conclusión de que hay munición imposible.

Queridos hijos de puta:

Me teneis hasta los huevos con ese cacareo infernal de lo que se debe y lo que debería de ser mientras no haceis nada, mientras os quedais parados mirando cuando parte del mundo se desmorona. Vivis en la queja eterna y en la estupidez supina, como si llorar muy alto os llevara comida al plato y dinero a la cartera. Quereis al prójimo pero no estais. Os importa el ébola, los niños abandonados, el maltrato animal y la igualdad de género pero os da igual el vecino o el compañero porque eso es una labor poco digna para vos. O se salva el planeta o se jode el de enfrente. "Debería de reciclar la gran empresa", clamais como ecologistas pero tirais papeles al suelo para que lo recoja el barrendero porque ese es su trabajo. Estais esperando a los nuevos salvadores como quien espera a Superman cuando los villanos arrasan la ciudad y esos villanos sois vosotros mismos con vuestro hipócrita eterno superpoder. Millones de hormigas locas discutiendo cómo construir el hormiguero. Cientos de clientes exigiendo el cumplimiento de la garantía después de haberse sentado en su teléfono, rompiendo la pantalla y jurando que se ha roto sola. Reclamais vuestros derechos escurriendo los errores propios y olvidando la lógica o las obligaciones. No os gustan los ricos, excepto si lo sois vosotros. La oferta, luminosamente decorada con un gratis a 100 euros, de la últma todopoderosa compañia es la próxima dosis en la adicción de la muerte por consumo. Soñais con un mundo feliz que siempre os deja por encima de la media y, tal y como sucede entre las guerras de los idiotas, ganan los terceros cuando os habeis aniquilado entre vosotros y arrasado con los demás en un daño colateral. Los centros comerciales sobreviven cuando habéis dejado de ir a los comercios de verdad, la mayoría absoluta de la felicidad es un anuncio después de acabar con la vida social en las calles.
Así que de vosotros aprendí a quejarme por no lograr lo que he saboteado siempre.
Y negar mi maldad, mis errores y mis millones de equivocaciones.
Siempre se equivocan los demás

Llevo un tiempo con demasiado oxígeno en las branquias.

21 de enero de 2015

La legalidad y la ética

Hace muchos años, tantos como 25, estaban de moda las tiendas en las que se alquilaban cds. En realidad, según me explicaba uno de los dueños, se establecían como organizaciones culturales sin animo de lucro y precisamente al revisar sus cuentas no aparecía ningún beneficio. Después, analizando con detenimiento las anotaciones resultaba que el dueño aparecía como señor de la limpieza por lo que percibía cantidades enormes lo cual no es ilegal porque cada uno paga lo que considera oportuno a sus empleados siempre y cuando no esté por debajo del salario mínimo. Era piratería encubierta, era un negocio con todas las letras pero no era ilegal.

Cuando Jesús Gil se puso a traer fichajes sorpresa del Africa más profunda resultaba que lo que se traía era maulas que casi no daban ni una sola patada pero que costaban cientos de millones y, en realidad, era una manera de lavar dinero pero él decía que lo que pasaba es que tenía muy mala suerte con los fichajes y la verdad es que no era ilegal pero olía más podrido que Dinamarca.

Ahora resulta que Modenero, adalid de la refrescada nueva política que nos va a salvar a todos, ha facturado más de 400.000€ por un trabajo sobre la implantación de la moneda bolivariana en sudamérica. Dice que se ha esforzado mucho, que ha cobrado las facturas que ha emitido y que ha tributado lo que corresponde por ello. Y tiene razón. Es legal pero por alguna razón no pinta especialmente bien porque no conozco a nadie, y menos de entre los pobres, que facture 200.000€ al año a un solo cliente por hacer un informe que, además, le ha dejado tiempo libre para unos cuantos mítines.

De la misma manera Monago ha viajado un buen montón de veces a Canarias. Como representante de todos los españoles y por ley tiene los viajes pagados para visitar cualquier parte del estado a fin de estar al lado de quien le necesite y ha dado la casualidad que en Canarias tenía una amiga muy amiga, pero eso no quita que lo que hizo fuera legal, aunque no parece muy ético.

Visto así es más que probable que muchos de los casos en los que nos escandalizamos no sean ilegales aunque tengan bastante tufillo a podrido. Son los asesores con sueldos enormes o los expresidentes en consejos de administración. Son las adjudicaciones a empresas amigas o las facturaciones desmesuradas. Cuando me presenté a mi segundo concurso público el funcionario me explicó que lo tenía complicado porque "siempre gana Angel" que era un tipo que se tomaba vinos con los tipos del ayuntamiento sin disponer de empresa ni estructura. Era un subcontratador. En este país que se valora más al famosete que al científico también se valora más al contacto que al profesional. Quizá por eso se caen los edificios y se cuelgan los ordenadores del ayuntamiento en cuestión. Quizá por eso, porque el pastel se reparte entre el amigo, el del medio, el asesor y el que hace el laboro, es por lo que las personas que realmente han aprendido un oficio se tiran de los pelos. Pero, a nuestro pesar, no es ilegal.

Tenemos un país en el que las leyes, en realidad, siempre se hacen con una buen fin. Eso no se pone en duda. Pero tenemos unos habitantes, entre los que me incluyo y te incluyo, que buscan como perros amaestrados la manera de usar la ley para su propio provecho. Una pareja que no se casa para cobrar las ayudas a madres solteras con hijos, un tipo que pone todo a nombre de la mujer y pide una ayuda para pobres sin serlo, una mujer que se quiere divorciar y alega maltrato psicológico para acelerar los trámites, un tipejo que factura a otro cien mil por un asesoramiento que no ha dado y así no pagan el 33% sobre los beneficios, hacer publicidad de una oferta sujeta a stock y que ya se ha terminado, tener ocho años y escupir en la cara al profesor para enfrentarse diciendo "si me pegas te denuncio" o un uso indebido del teléfono de la empresa o un exagerado uso de las dietas. Nada de lo que he descrito es ilegal pero sí lo es encenderte un cigarro cerca de la puerta de un bar cuando llueve afuera.

Legislar no es sencillo porque los legislados son españoles.

Y la ética es algo tan voluble que solamente se ve claramente cuando se refiere a la ética del otro. De eso saben los portavoces parlamentarios.

Uno de esos portavoces dijo, en sede parlamentaria, que la ley está para cumplirla y que se presupone que las personas adultas son suficientemente inteligentes como para usar los medios que tienen a su alcance de una forma ética y correcta. Dijo, con razón, que el mundo de verdad, que el mundo de los adultos no es un lugar en el que poner a un policía a ver si cumplen con sus deberes de una manera correcta.

Y debería de ser así, pero no lo es. Y no se libran ni los de siempre ni los nuevos ni los que vienen por detrás. Cuando les preguntas dicen "es legal" y lo es. Pero no es ético. "Chincha rabiña" decía mi compañero de acampada cuando se quedaba el último bollicao y yo estaba detrás en la fila. Como buen tipo nunca lo compartió conmigo. Probablemente yo, creyendo que era lo justo, tampoco lo hubiera compartido con él. Las normas decían que se repartían hasta acabarse. Nada le obligaba a compartir. Nunca lo hizo.

Pues eso mismo.

Claro que no existe una línea ética y por eso se salta como si fuera una comba.

20 de enero de 2015

Consuelo de tontos, predisposición de muchos.

Por alguna razón la predisposición, como el acto de visualizar la molécula en el principio de indeterminación de Heissenberg, siempre afecta al resultado global. Los años 80, enfebrecidos por la posibilidad de ser todo aquello que nos prupusiéramos, derivaron en una generación de atrevidos desaprensivos que cambiaron la faz del mundo. El principio del siglo XXI ha llevado hasta los megáfonos de la sociedad a hordas de quejicas, de conspiranoides, de silogistas convencidos de la partida perdida contra el sistema. Son todos los que hablan de los desmanes de los poderosos y de los maltratos animales. Son los que buscan maquiavélicas artimañas en el precio del pan o en el motivo por el que un médico hace más tactos rectales que la media ponderada de la unión europea. Son gritones, quejicas y no disparan en una sola dirección porque entonces se les supondría criterio. Disparan ráfagas como quien aprieta el gatillo de una ametralladora y pierde el control con el retroceso, como un dibujo animado gore.

En los años 30 se hizo un estudio sobre la forma que tenían de pensar los habitantes de Uzbekistán. Se llegó a la conclusión de que las personas analizadas respondían a los diferentes dilemas a base de aquello que conocían y resultaban incapaces de llegar a más, aunque la pregunta fuera obvia. Cada persona tiende a actuar y a responder según las ideas y experiencias que posee. La educación, como elemento sustitutivo de todas las experiencias a las que no podemos tener acceso, puede mitigar o acercar las respuestas a la verdad pero la educación, como elemento controlador de la sociedad del futuro, siempre es una mercancía interesada por todos aquellos que creen tener cotas de poder. Independientemente de ello es el baúl que llevamos con nosotros el responsable de nuestra actitud, nuestra estupidez o nuestra valentía. Tuve que justificarme mil veces porque ella estaba acostumbrada a que la traicionaran y, por defecto, llegué a su cama con el cartel de traidor. Al final me convenció de ser un traidor, como todos. Me traicionó de forma preventiva y me convenció, de forma cautelar, de ser incapaz, inmaduro y pueril. Y lo demostró como se demuestran las conspiraciones que es con mucho drama, palabras grandilocuentes y grandes despedidas. Ahora, convencido de que más tarde o más temprano desgarraré el alma de quien confíe en mi, salgo por las ventanas.

No es valida en ningún caso la utilidad mística de creerse capaz de todo, porque eso es imposible. Tampoco es válido el extremo contrario, porque algo nos quedará que merezca la pena, aunque sea jugar a la petanca. Mi psicólogo insistía en que tenemos un lugar donde nos sentimos cómodos, casi como si fuera una zona de confort o un espacio en el que nos sentimos resguardados. Nuestra forma de protegernos es llegando a ese lugar. Para unos es jugar al mus, para otros llevar la conversación a un punto en el que domine la argumentación. Para la mayoría es defender lo socialmente correcto que es, como en Uzbekistán, lo que comprende la manera que han tenido de sobrevivir hasta ahora. Es la forma de sobrevivir la que nos va marcando como si nuestras acciones fueran una explicación de la selección natural aplicada al comportamiento social. El problema está en que las mismas acciones llevan a un mismo resultado y realizar acciones nuevas producen el vértigo de lo desconocido. Quejarse o apostar por el fracaso es una manera segura de perder cuando creer en algún tipo de triunfo no da la certeza de ganar.

Así que viviendo en un entorno de perdedores lo más común es volver a perder y el problema aparece cuando no gana nadie. Consuelo de tontos, predisposición de muchos.

Los cantantes tristes siempre están solteros y se acercan a quienes les van a abandonar. En realidad buscan una nueva canción, pero no lo saben. Cuando componen algo feliz les sale mierda. Cuando un humorista se pone serio no le interesa a los demás. Cuando nos convencieron de ser marionetas nos lo creímos.

Es muy complicado escapar de lo que, por una u otra razón, nos tiene convencidos y menos sin soltar los puntos de sutura.

18 de enero de 2015

Hay caminos que es mejor no recorrer

Hay caminos que es mejor no recorrer. Porque antes en los mapas ponía "ahí dentro hay dragones" y ahora ya no, pero eso no significa que no haya dragones.
(Pd: es una escena de una serie...lo de los términos y condiciones de uso lo bloquea... Youtube: no. Daylimotion: no ... bueno... por eso está dos veces)

17 de enero de 2015

Don´t you forget about me


Hey, hey, hey, hey Ooh, oh Won't you come see about me? I'll be alone, dancing, you know it baby Tell me your troubles and doubts Giving me everything inside and out And love's strange so real in the dark Think of the tender things that we were working on Slow change may pull us apart When the light gets into your heart, baby Don't you forget about me Don't, don't, don't, don't Don't you forget about me Will you stand above me? Look my way, never love me Rain keeps falling, rain keeps falling Down, down, down Will you recognize me? Call my name or walk on by Rain keeps falling, rain keeps falling Down, down, down, down Hey, hey, hey, hey Ooh, oh Don't you try to pretend It's my feeling, we'll win in the end I won't harm you or touch your defenses Vanity and security Don't you forget about me I'll be alone, dancing, you know it baby Going to take you apart I'll put us back together at heart, baby Don't you forget about me Don't, don't, don't, don't Don't you forget about me As you walk on by Will you call my name? As you walk on by Will you call my name? When you walk away Or will you walk away? Will you walk on by? Come on, call my name Will you call my name?
I say, la la la
When you walk on by And you call my name

Pd: la opcion nº 2 era esto.

15 de enero de 2015

Pepito Grillo, la divina comedia y la privacidad.

En la divina comedia, sobre el dintel de la puerta, se lee "Oh vosotros, los que entráis, abandonad toda esperanza". Es un limbo entre el cielo y el infierno, un lugar donde residen "las tristes almas de aquellos que vivieron sin merecer alabanzas ni vituperio, confundidas entre el perverso coro de los ángeles que no fueron rebeldes ni fieles a Dios, sino que solo vivieron para si".

Ayer al recuperar la copia de seguridad de mi cuenta de Google descubrí, con la quietud de las mejillas del barquero de las lívidas lagunas, que las contraseñas de las wifi que utilizo también están en los servidores de aquella empresa que tiene a bien ser del mal, como una contraposición de marketing, como un impuesto no pagado, como un contrato que haya cedido mi alma, como Fausto, como Mefistófeles.

Descubro que en mi facebook aparecen anuncios de la marca y modelo de coche que está buscando un compañero de trabajo y que, de una forma entrecortada, aún me intenta vender alguna página la última actuación en directo del grupo favorito de una novia con la que hace años que no me hablo. Es mucho más dificil retirarse de la cama de alguien a quien se quiso que de la publicidad orientada de internet. "A mi novia"- me dice un compañero- "le aparecen anuncios de solteras en su ciudad cada vez que nos enfadamos y me resguardo, como una infidelidad a medias, en el porno por abandono". Entonces pone cara de informático abandonado y dice "ni siquiera hay tres grados de separación entre una cosa y otra. A Google le da igual mi estabilidad sentimental."

Cuando alguna persona se presenta a un casting para un reality lo primero que hace es firmar un documento por el que cede su vida a una cadena de televisión. Ni siquiera sabe si va a ser elegido pero ya ha vendido cada paso que dé hasta la cancelación del mismo. Ha vendido sus palabras, su opinión y su posible escarnio público. En el momento de la firma estaba convencido de la fama, de la relevancia social, de hacerse una portada de Interviú. En el momento de la firma, cuando el notario empieza a leer con ese tono machante, aburrido e inteligible las claúsulas, se piensa en la decoración del piso o en el viaje a Punta Cana. Se piensa en la calma de la recompensa pero nunca en arder en el infierno. Apple no inventó el teléfono pero sí que lo hizo con los términos de acuerdo de más de 10 páginas. Google solamente le copió y no me estoy refiriendo al entorno gráfico porque eso es de un tipo pobre que hizo Unix pensando en el software libre. Un paso después vino ese momento en el que te pregunta si quieres aceptar los términos pero ya no hay pestaña para decir que no.

En algún blog tecnológico leo que las contraseñas de mi wifi las utiliza Google para comerciar con los servicios secretos de los países y no para que sus fundadores puedan conectarse sin pagar en cualquier lugar del mundo, que es para lo que usaría esa información un melindroso usuario de calle. Si le preguntamos a los responsables de prensa nos dirán que esa información y ese gasto en servidores y en discos duros es algo que se hace por la comodidad del usuario, por la sencillez y la practicidad, por favorcer "la experiencia de uso". Dirán que, además, eso es algo que se hace gratis porque hace tiempo que se asocia "gratis" a "sin desembolso económico" aunque dicho así es obvio que no es verdad. Con las nuevas versiones de Google viene de serie el Google Fit que, sin tener que pagar dinero, nos dice si estamos sanos, si andamos, si vamos en bicicleta o en coche o si hemos dormido las suficientes horas. Nos saca estadísticas maravillosas sobre los pasitos que hemos dado y las calorías consumidas. Deduce, con unos algoritmos de tercero de primaria, que si el teléfono está varias noches en el mismo lugar es que aquella es nuestra casa, que si nos movemos a una determinada velocidad es que tenemos un vehículo y que si paseamos por calles con tiendas es que vamos de compras. Cruza los datos con nuestra cuenta de gmail y sabe si la consultamos desde otro equipo, por lo que ya conoce que tenemos un ordenador y también es capaz de saber el sistema operativo que tiene, por lo que adivina el tiempo que hace que lo hemos comprado y, casi por consecuencia, se aproxima a nuestro poder adquisitivo y así puede ofrecernos productos más caros o adecuados al arquetipo que ha generado de nosotros.

Hace unos años, hablando entre copas con un amigo sobre la posibilidad de hacer una aplicación móvil, comenté que podíamos acaparar todos los datos del teléfono. Sacar conclusiones de uso. "Si se llama mucho a un contacto determinado podemos considerar que es su pareja y si deja de llamar es que han roto. En algún momento, como pasa con muchos humanos, intentará volver a saber de esa persona y es ahí cuando la aplicación saltará con un mensaje que diga: Parece que quieres llamar a tu ex. No lo hagas". Entonces nos reímos. Le dije que si el móvil se movía a altas horas de la madrugada pero ya sabemos que suele ir a trabajar a las 8 y que si la posición gps lo situaba cerca de bares podíamos sacar un mensaje que dijera "Deja de beber y vete a casa, que mañana trabajas". En realidad pensaba en una aplicación que supiera todo del usuario y, con esos datos, convertirse en el amigo puñetero que le dijera lo que no quiere oir pero fuera una especie de conciencia cibernética. Decidimos que la aplicación se llamaría "Pepito Grillo" pero también pensamos que nadie querría pagar para que le estuvieran señalando con el dedo a todas horas. Menos aún aceptar, en nuestro contrato de condiciones de dos líneas, que nos quedábamos todos sus datos con el fin de joderle.

Estábamos equivocados: La nueva tecnología lo hace y nadie se preocupa por ello. Es gratis.

"A partir de aquí, abandonad toda esperanza" debería de poner al configurar una conexión a internet, una cuenta de gmail o un teléfono.

"Pepito Grillo, la app" existe, pero sólo se usa para vender tu alma mientras te dice que todo es maravilloso.

14 de enero de 2015

El mierda anónimo y el cambio del mundo

Tuve, como cualquier magarrán que se creía el centro del universo a finales de los años 90, una época en la que me puse a tontear con las acciones de bolsa. Llevaba, con lujuriosa y excéntrica ostentación, un "busca" (si, es correcto) que me proporcionaba las cotizaciones en bolsa a tiempo real de mis valores favoritos. Nada que, en este preciso momento, no pueda hacer un teléfono de 50€ entre "guasa" y "candy crush". El caso es que una mañana en vez de comprarme 200.000 pesetas en acciones de Pescanova (que tenía un efecto rebote después de los movimientos de Zeltia) la señora del banco compró 200.000 acciones de Pescanova. De ese error me percaté en el momento en que dichas acciones empezaron a subir y afortunadamente las pude vender unas horas después por lo que solamente me quedé con los beneficios. Al llegar al cubículo que era mi apartamento y ver ese punto de rebote en la gráfica del valor tuve la certeza de haber ganado dinero sin dinero y, por otra parte, haber hecho ganar y perder dinero a otros. En defnitiva: con una llamada de teléfono (y un error) había cambiado la bolsa de un pais del primer mundo durante un rato. Lo había hecho yo que era, y sigo siendo, un mierda anónimo.

Cuando, el 28 de junio de 1914, Gavrilo Princip disparó sobre el archiduche de Austria y su mujer, detonó la primera guerra mundial que duró prácticamente hasta acabar la segunda. En realidad era un nacionalista bosnio que cambió el orden mundial sin darse cuenta y mucho antes de morir de tuberculosis. Héroe o villano, lo que era es un mierda y casi un mierda anónimo.

Probablemente es el el siglo XX en el que se descubrió que casi cualquiera podía dejar una pequeña impronta en la historia de la humanidad y, al estilo de un reality televisivo, daba igual el resultado siempre y cuando existiera esa línea en la wikipedia. Daba igual que fuera por error u omisión, daba igual ser un lobo solitario con un rifle en Dallas o un tipo al que se le hace la boca agua por cada follower. Da igual un manifestante frente a un tanque en alguna plaza de Pekin o aquel que le tiró un zapato a Bush. El caso es tener relevancia creyendo que aquello va a conllevar un buen puñado de vírgenes.

Claro está que el concepto de "historia" se ha modificado sustancialmente. Aparecer en gran hermano, ser Kim Kardashian o acostarse con un torero tiene la misma relevancia histórica que ser el perro de Paris Hilton aunque dicho cánido es más famoso que el descubridor del grafeno y los dos tienen página en la wikipedia. (Miento: Tinkerbell (el perro, que no campanilla) no tiene página propia). El camino hacia la relevancia social, que no hacia la historia de verdad, se ha acortado con la globalización. Estoy absolutamente convencido que muchas de las acciones, salvajes o estúpidas, tienen que ver con la búsqueda del reconocimiento entre nuestro entorno más próximo y es la cultura la que hace que esa búsqueda sea convertirse en un viral (al estilo "primer" mundo retrasado) o atarse el cinturón de explosivos (al estilo "retrasado" mundo). No creo que en ninguno de esos casos se busque aparecer en la Historia. Eso sí, ambas acciones las puede ejercer sin problemas cualquier mierda anónimo.

Y si un mierda anónimo puede, haciendo gala de la teoría del caos, modificar el precio del petróleo, dar una excusa para que lean tus mensajes privados, subir el gasto en armamento, monopolizar las estúpidas conversaciones de ascensor o ganar más dinero que con dos máster y tres carreras a base de enseñar culo... entonces me asusto pensando lo que puede hacer alguien con poder para cambiar nuestro entorno a voluntad. Fácil ya hemos visto que es. Sólo necesitamos a un mierda anónimo con ganas de creer que puede lograr una página propia en la wikipedia porque en el siglo XXI cualquiera puede modificar el mundo, aun sin proponérselo.

Pd: Hasta con una tontería en youtube. Ya hacen películas de eso, aunque empiecen por atemorizar a los adolescentes

8 de enero de 2015

Salvapatrias musulman

Tengo un amigo musulman que, al estilo del paranormal de Willy Toledo, busca una especie de respuesta al motivo por el que un par de asesinos se han ido, kalasnikov en mano, a matar franceses de ascendencia árabe. Habla, en su muro de facebook, de las injusticias que va por ahí ejerciendo el imperialismo occidental y que si acaso aquello es una razón por la que dos soplagaitas hayan entrando en una cólera irracional. Habla de criminalización de lo musulman, de la amenaza que quieren vender de Alá y de los problemas que va a generar toda esta mierda. Habla de asesinatos lejanos, de los israelitas y de los palestinos. Habla de los hombres bomba y de las tropas americanas por los desiertos. No habla, en ningún momento, de que dentro de cada sociedad hay siempre unos imbéciles que se creen los Charles Bronson de su comunidad y que la llevan despiadadamente hacia el caos.

La única manera de acabar con ello es cuando sus vecinos les señalen con el dedo, le digo. En Euskadi, donde hemos vivido bajo la alargada sombra de unos salvapatrias que mataban jurando defender lo que yo más amaba, se ha ido acabando tanta irracionalidad desde el momento en el que les enseñamos que no nos representaban. En ese momento nos hablaban de la imposición dictatorial de Franco y nos enseñaban las patrullas de la guardia civil, llenas de odio porque les habían matado a los compañeros, haciendo controles en las carreteras generales. Nos enseñaban a los asesinados por el Gal y nos decían que todos los muertos valían lo mismo. Y lo valen de la misma manera que todos los asesinos juntos no valen nada.

Los únicos que pueden acabar con los asesinatos con motivación religiosa árabe son los propios árabes.

Ninguna invasión, castigo o derrocamiento militar podrá hacer nada hasta que ellos mismos escupan sobre la cara de sus salvapatrias asesinos.

Lo demás, simplemente, son las cruzadas 2.0

Y es muy triste ver cómo nos dejamos llevar por tanta estupidez y cómo esa vergüenza nos lleva a ver, continuamente casi como si fuera habitual, a personas muertas. Sobre todo escuchar la forma en la que cada uno intenta mirar hacia otra parte. Mi amigo musulman, desafortunadamente, hoy es menos amigo porque es incapaz de condenar con el mismo desprecio que hemos sentido los euskaldunes a los terroristas de casa, a los que dicen ahora que son sus vecinos y sus salvadores armados.

Me cago en Ala, en Buda y en diez angelitos negros.

7 de enero de 2015

Cambiar

No es lo mismo Sabina antes y después del disco "Mentiras Piadosas". No es lo mismo Bono con la bandera blanca que Bono después del Achtung Baby. Ni siquiera fueron los mismos esos cuatro muchachos que se ganaban la vida haciendo versiones de Chuck Berry a los Beatles de después de su paso por la India. Todos ellos cambiaron pero eso no significa que fueran otros grupos ni otras personas. Fueron diferentes versiones de ellos mismos.

Es cierto que más de uno se queda clavado en lo mismo, que Phil Collins se quedó estancado, que Elton John, después de Nikita, hizo todas las canciones iguales de la misma forma que Estopa lleva veinte años haciendo el mismo disco y que las canciones de Fito son una y otra vez la misma. A ellos les funciona y es lícito, pero eso es no cambiar, que de eso trata el tema.

Existe un cambio de esos que parecen no suceder. Cambiamos con el tiempo. Madurar, crecer, envejecer. Cambian los hábitos y cambian las maneras de hablar, las maneras de crecer y la manera de pensar. Todo eso cambia y cambio, en este caso, es casi no reconocerse al verse reflejado en otro espacio tiempo.

Existe otro cambio que tiene que ver con la versión de nosotros mismos, casi como si viviéramos en un reality. Podemos ser unos hijos de perra y ser de esos que regalan flores. Nadie es el mismo las 24 horas del día. Ningún perro se pasa ladrando desde que sale el sol. Puede ladrar más o menos según le tiremos piedras o filetes, según nos acerquemos a su lado con ternura o le incitemos. El amor, el compañerismo y la amistad son un compendio de lealtad, confianza y compañía. Visto así es un perro pero, desafortunadamente la realidad es que es un gato.

 "Me he dado cuenta de la persona que eres. Son ya demasiados años, haces deporte con adolescentes, tienes rollos de dos días, no estas con tu familia y tus amigos son tipos que llevan la misma vida que tu. En el trabajo te dedicas a jugar a videojuegos y no puedes esperar que nadie con un plan de vida maduro quiera estar contigo. Es la vida de un quinceañero"- En realidad estaba llamando a Bitelchus porque si dices tres veces la palabra Bitelchus, aparece. En realidad es lo mismo que recordar a un alcohólico que es alcohólico y poner un cartel indicando el camino a la bodega. A veces, como a un artista al que le piden ese primer éxito que aborrece una y otra vez, el público hace lo imposible porque nada cambie y luego, esperando a que el café se enfríe, insisten en que las personas no cambian. Me estaba pidiendo que no ladrase mientras me tiraba piedras. Reclamaba otra versión de mi cuando me aseguraba que era imposible cambiar.

Cambiar, si hablamos de esos propósitos que se hacen a principio de año, se compone de un firme propósito personal y un pequeño apoyo orientado en la dirección correcta. Quitar los dulces de los armarios o fumar solamente en la terraza. Es buscar las diferentes versiones que nos definen y saber reconocer cuando aparece la que ya no queremos para que gane espacio la que nos agrada.

Porque nadie deja de ser la misma persona pero evoluciona y la evolución, casi como la selección natural, es definida por los acontecimientos y el cúmulo de recompensas y castigos que nos va dando la vida. Muchas veces, la mayoría, buscamos las recompensas equivocadas que nos reafirmen en lo que fuimos mientras juramos que deseamos otro tipo de vida. Castigarse en la barra de un bar a base de copazos. Volver a buscar una relación en el filo. Jurar que ese es el último cigarro. Escuchar, una y otra vez, las carencias en vez de las pequeñas virtudes. Tengo un amigo que lleva veinte años con parejas mediocres porque tiene pavor a sentirse menos al lado de una persona brillante.

Se puede cambiar. Se cambia también a base de tiempo. Es mucho más dificil hacerlo según se va haciendo más fuerte la determinación de querer defender la forma en la que aprendimos a protegernos con los años. El problema es que hace falta la decisión, el apoyo, un pequeño estímulo y saber, al menos, de donde deseas marchar y qué parte se va a quedar en el cajón de lo que fuimos. Otra cosa es que llegues acompañado o si, por el camino, necesitas oir tus propios pensamientos.

Tomando una cerveza me dijo una psicóloga de pelo corto y rubio que ella empezaba la terapia con sus pacientes preguntando a dónde querían llegar y, entonces, les decía que lo más probable es que no llegaran a ese mágico lugar pero que iba a estar con ellos hasta que considerasen haber llegado a un destino, el que fuera.

Buen viaje. Cambiar es avanzar.

Pd: parezco Coelho. Juro que intentaré que no vuelva a suceder.

4 de enero de 2015

Jackie, los no humanos y los deseos de reyes.

Jackie dijo, justo cuando se casaba con Kennedy: "al casarme con John sabia que experimentaría la decepción y el desamor, pero sabía que el desamor merecía el dolor". Visto así es la manera de aceptar una derrota pero, claro está, como primera dama de los EEUU de los 60. Era la esposa de un semidios cobarde y automatizado, presidente detrás de la valla publicitaria que era su imagen. Al fin y al cabo quizá es la primera prueba de que el marketing moderno lo puede todo.

John era inseguro, inmaduro, infantil y guapo. Era un experimento de su padre para ser presidente de EEUU, y salió bien. Al final, con un tiro en la cabeza, es el gran mártir del siglo XX. Es blanco, es poderoso, es rico y murió joven y en su gran momento que es como mueren las estrellas. A su lado, recogiendo pedazos de su cráneo sobre el Lincoln del 61 descapotable, Jackie manchaba su vestido con la sangre del presidente y el contacto de Onassis ya en su agenda. Marilyn estaba muerta y Mary Meyer murió en extrañas circunstancias un año después sin que nadie aceptara que John se sentía tan solo y tan abandonado en la cúspide del mundo que la agenda infinita de sus amantes era la prueba inexcusable de su miedo a sentirse solo cada noche. No era apetito sexual, era miedo. Viene a ser como robar para comer, que es un delito pero tiene un atenuante. A veces la soledad es un atenuante. A veces, solo a veces, porque el origen de ese miedo es no aceptar nuestro propio infierno o nuestra propia decepción. Ser un estúpido y no saberlo es casi una excusa aunque, como la ley, el no conocimiento de la misma no exime de su cumplimiento. Nadie dijo jamás si John era consciente de su incapacidad personal. Jackie afirmó una vez, al oirle decir que ella era una gran mujer de la que esperaba que algún día tuviera conciencia política, que esperaba que su marido, ese gran político, algún día tuviera conciencia familiar.

Sin embargo representaban como ningún otro lo que se suponía que eran los valores familiares de la época. "La familia real americana" les llegaron a llamar cada vez que se les veía ir a misa después de algún truculento episodio interno. Hoy en día se ve con la perspectiva que dan 50 años pero entonces, sumergidos en la vorágine publicitaria que controlaba como nadie Edgar Hoover, suponían una aspiración de la clase media y ha sido esa imagen casi bucólica la que parejas como Rainiero y Grace o Lady Di y Enrique de Gales han deseado imitar. Todos frustradamente. Todos, como un matrimonio que se rompe al ver la incapacidad de ser la mitad de lo que soñó en su noche de bodas, abruptamente derrotados por la realidad, sajados por el cuchillo de no haber tenido en cuenta el poder de sus miedos y taparlos con los analgésicos que tiene la vida moderna en vez de ponerlos en la balanza de la verdad.
Así que, sistemáticamente como espectadores a través de la televisión, varias generaciones han querido llegar a sus sueños sencillamente porque nos los vendieron como posibles. Quizá no es ser presidente y primera dama, quizá no es ganar un concurso en televisión pero siempre hay un componente de ilusión y magia, como la mañana en la que aparecen los regalos tras pasar los reyes. El problema está en lo que se desea porque puede que no se convierta en realidad y es entonces cuando, con un rifle de mira telescópica, algo despliega el drama por la confortable tapicería del coche.

Quiero pensar que el los 60 se aspiraba a salir adelante con pequeños pasos que incorporara a cada uno la idea de ser un poco más de la clase media, que en los 70 se miraba con ojos de conquistador a las playas de Levante, casi como si fueran la Punta Cana de la época. En los 80 se pedía riqueza, quizá ya desorbitada, porque queríamos más que la vulgar recién lograda clase media y a finales de los 90, con las hipotecas y los créditos a modo de esos pesos que se ponen algunos jugadores de baloncesto en los tobillos para entrenar, se pedía todo para todos como si la ejecución de los sueños fuera un derecho constitucional de obligado cumplimiento. Y se nos rompieron los tobillos de tanto apretar el acelerador en nuestro coche alemán.

Ahora, quizá, los deseos están rotos. En la carta a los reyes magos de una parte está la súplica de volver a ser lo que éramos y la promesa de volver a portarnos bien. En la carta de otra parte está la exigencia a los reyes de devolvernos lo que creemos que nos robaron y la amenaza portarnos mal de verdad, como si eso fuera posible, como si fuera una rabieta cuando nos han quitado el juguete que no nos pertenecía o que nos dijeron que podía ser nuestro pero no recordamos el precio que no quisimos pagar, porque nada fue ni es  gratis. No se ha ganado nada sólo por existir. Ningún atleta obtuvo una medalla solamente por ir a las olimpiadas.

Cuando empieza el 2015 hay dos mundos dentro del nuestro. En uno bajamos del avión presidencial con un vestido impecable al lado de nuestro presidente, amante, padre y compañero. En otro nos refugiamos en un armador griego mientras él se abriga con una actriz antes de decidir qué hacer con la crisis de los misiles en las aguas de Cuba. En uno volvemos a dejarnos llevar por la publicidad y los sueños. En otro nos escondemos de nosotros mismos. Jackie redecoró la Casa Blanca. John pedía a los servicios secretos que le trajeran a prostitutas a su hotel y consumía anfetaminas para subsanar los dolores de las enfermedades que le castigaban y que nunca se hicieron públicas. El presidente y la primera dama han de parecer perfectos y no humanos. Al fin y al cabo representan la aspiración del ser humano en dejar de serlo por mucho que eso mismo nos obligue a renegar de lo que somos.

Conozco a alguna mujer que se cambiaría por Jackie sin dudarlo porque si algo ha hecho nuestra sociedad es eliminar todas las variables que no nos agradan en la ecuación de nuestros deseos. Camisas baratas sin mano de obra infantil. Servicios sociales gratuítos sin impuestos. Amor incondicional sin cariño a cambio. Y, por supuesto, regalos de reyes sin habernos portado bien y ni siquiera haber pedido perdón, ni siquiera haber reconocido los pequeños errores e incongruencias que cometemos cada día.

Probablemente si Jackie y John se hubieran parado a aceptar su condición humana esa experimentación de la decepción y el desamor no hubiera terminado de una manera tan trágica o, al menos, con ese decorado tan turbio. No hay tanta diferencia entre esa familia, la política, las empresas, los países, las aficiones deportivas, la cultura, la tecnología, tú y yo. En realidad esto es una carta a los reyes disfrazada de metáfora histórica.

Lo que pido, y eso sí que es mágico, son las herramientas para aprender a vivir con nosotros mismos, con todas nuestras variables. Hasta esas que no nos gustan. Dejar de perseguir sueños no humanos para vivir juntos como personas.

Que os lo traigan los reyes.