Mal dia para buscar

1 de agosto de 2013

Borja y las alemanas

Desconozco el año, porque soy horrible para las fechas, pero debería de ser allá por mis 20 y eso es porque tenía ese Golf GTI 16V blanco que era la envidia de mis conocidos. Estábamos en la playa, más o menos en julio y vivíamos en esa desidia que se tiene en los primeros días del verano. Así que nos dedicamos a hablar y fanfarronear de nuestras andanzas. Borja, que era de esos a los que les gustaba edulcorar sus historias, empezó a comentar que se había acostado con una alemana en un camping cercano y que era alta y guapa, violenta y promíscua, delgada y fácil. Todas esas eran virtudes que se exageran en esa edad. Dijo, sin darse cuenta, que estaba con una amiga. Yo dije que no me lo creía. Eso siempre es un reto entre machos alfa, que son todos los machos postadolescentes. "Vamos a verlo". "Vamos"-dije recogiendo la toalla. "En quince minutos en mi portal".

Así que nos fuimos a un camping. Allí buscamos un coche y resultó ser de esos roñosos y cuadrados Trabant de la alemania del este. "Aquí es"- me dijo. Así que esperamos junto a una tienda de campaña y aparecieron dos chicas. Una de esas delgadas huesudas con el pelo sucio y la cara alargada (que era el pibón) y otra que estoy convencido que se dedicaba a entrenar, rellenada con esteroides, el lanzamiento de martillo con idea de participar en algunas olimpiadas de la RDA. "Si que es fea la tuya"- me dijo. "La tuya no se parece a lo que me contaste"- respondí.

Sin embargo nos quedamos alli porque las buenas muchachas, en un gesto extraño para nos y nuestra vergüenza, se cambiaron de ropa ante nosotros. Nos fuimos a tomar algo. No bebieron y pudimos saber que nuestro inglés era un desastre. No las emborrachamos ni las tocamos ni nos bañamos desnudos en la playa. Solamente paseamos por un pueblo costero, intentamos hacer chistes y nos dejamos ver con un par de extranjeras como si eso nos hiciera más machos. Después volvimos al camping y nos ofrecieron dormir con ellas. Literalmente, aunque no eran bellezones, se nos hizo el culo cocacola. Borja se acercó a la suya y yo al saco de dormir donde la hermana putativa alemana de Shrek empezaba a roncar. La delgada, con una camiseta y unas bragas blancas algo castigadas por el hippismo, respiraba fuerte. Borja y yo nos miramos. "chss, estas tias dan calor y roncan". "Si"- respondió. "Pero... ¿no nos iban a follar?"- le dije. "Estará cansada de todo lo que le hice ayer"- me aseguró con una sonrisa pícara de la que no me creí nada. "Mira, tío, que les den a las alemanas. Aquí estoy mal. ¿Nos vamos al coche a dormir?"- "Vale".

Y Borja y yo nos despertamos en los asientos de mi coche con la luz de la mañana. Nos fuimos a la cafeteria del camping y nos comimos un par de croissant sin pensar ni por un momento despertar a las muchachas. Nos volvimos a nuestra playa y dijimos a todos que habíamos pasado la noche con dos alemanas en una tienda de campaña, como la canción.

Nunca dimos más detalles.

Hoy he visto como Borja tenía su cara entre las esquelas del periódico y he creído un buen momento para hacer pública la verdad de aquella historia.

Qepd. (38 años)

2 comentarios:

Angélica Fuentes dijo...

Logré visualizar a colores esta historia gracias a los detalles y esa fluidez de tu narración. Me llevó a recordar las propias. Parece que te contagiaste de la capacidad que tenía Borja para edulcorar historias.

Anónimo dijo...

Super tierna esta historia. Sois maravillosos...