Mal dia para buscar

8 de julio de 2026

Ya no te gusta conducir.

Conducir un coche eléctrico automático modernísimo que no hace ruido y te lleva a velocidad controlada con confort absoluto sin salirse de los carriles es un coñazo descomunal. No hay paliativos en esa afirmación. Absolutamente a nadie que le guste conducir le puede resultar eso entretenido. La prueba es que muchas compañías están intentando descubrir cómo hacer para recuperar el entretenimiento de la conducción. ¿Es un camino que será exitoso?. No. Desafortunadamente la modernidad se lleva por delante muchas cosas y ésta será una de ellas. Moriremos menos, llegaremos antes y estaremos más descansados pero será un pestiño brutal el intento de disfrutar de los trayectos. Sin embargo mi abuela Carmen, que era una señora que se alteraba con las sensaciones de los vehículos, sería tremendamente feliz.

Partimos del respeto personal a la libertad individual y mi tolerancia máxima al suicidio ajeno. No he sentido, jamás, un gramo de pena con los conductores suicidas. El problema, como en otras muchas cosas, es que se lleven por delante a alguien que no desea fenecer. La decisión institucional al elegir entre felicidad y vida, siempre es vida. Aunque sobrevalorada, prevalece.

En nuestro mundo moderno, a mi pesar, hay sensaciones de riesgo que solamente puedes sentir realizando actividades ilegales o en un parque de atracciones con todos los seguros pagados y tasa de accidentes ínfima.

Será que aquello de pelarte las rodillas jugando, clavarte un clavo oxidado en un parque, disponer de cicatrices de haberte caído de la bici o entrar a 70 en la gravilla, y de costado, con un talbot samba, es algo que ya no sucede. Aparte de todo eso aún me quedan marcas de haber frenado con la cara tras hacer el loco con una Bh roja. 


Quiero pensar que cada generación tiene sus riesgos. Los que ahora tienen 20 tendrán los suyos y espero que no sean quedarse sin wifi, hacer apuestas erróneas por internet, discutir con un troll de por unas rebajas en wallapop, que te puedan echar por colarte en un concierto de regetton o que te engañe un criptobro. Lo de que haya más enfermedades venéreas que nunca no es un riesgo, es que sois imbéciles. Uno de los efectos secundarios de creer que no hay riesgo es que dejas de tener cuidado y se te pueden quedar los bajos como las tetas de mi abuela Carmen, que está muerta, si no piensas veinte segundos antes de darte al fornicio.

Independientemente del salto generacional hay una cosa clara: el confort y la modernidad acaba con el regusto de muchas de las sensaciones a las que no dimos importancia. Pongo un ejemplo: en avión vas del punto A al B, pero en un tren de aquellos lentos hablas con el de al lado mientras disfrutas de los cambios de color de los paisajes. Quedarse sin gasolina en un puerto de montaña con unos colegas, excepto si te los tienes que comer, aúna lazos. Aprender a domar el Renault 4 con marchas en el salpicadero de la tia abuela monja de tu novia te hace casi tener la superlicencia de rallys si es que lo has de llevar por carreteras comarcales sin señalización de la Euskadi profunda. Yo he llevado, con tres copas de más, un seat ronda rojo cuya caja de cambios era un círculo en vez de una hache, por la carretera que te lleva de Comillas a Cabezón de la Sal. A las tres de la mañana.

¿Es más divertido que la conducción autónoma? Por supuesto. Más aún si te gusta conducir. Quizá por eso hay una generación que conduce mucho menos. Podemos pensar también que cuando veíamos una teta en 1978 nos os duraba la erección dos días (yo tenia pocos años) y ahora hay una generación que está mostrando desdén hacia el sexo, quizá porque ha perdido la gracia. También pensábamos que podíamos ser lo que quisiéramos y ahora hay una moda que aborrece la meritocracia, quizá para justificar la desidia.

El tema es que los humanos nos hemos empeñado en simplificar los procesos y basamos demasiadas cosas en el resultado. Viajar es algo que nunca entendí como llegar a un lugar lo más rápido y confortable posible. Las relaciones no es fornicar sino todo lo apasionante del cortejo, la telenovela de la vida y sentir cositas en el trayecto. Crecer no es ser viejo de golpe sino acumular enseñanzas y tres millones de errores por el camino.

La industria de los automóviles va siempre un paso por delante de la sociedad y el camino que está marcando es tremendamente aburrido aunque te pongan el tik tok en la pantalla de entretenimiento del salpicadero. La semana pasada intenté subir un puerto de montaña poniendo de costado el coche en las curvas cerradas y mi moderno coche empezó a pitar como un perro sin derrapar un centímetro.

La pregunta es si quieres vivir mucho o vivir menos sintiendo más cosas. Lo de los coches, aunque una obviedad, es solamente un ejemplo.

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