Mal dia para buscar

26 de noviembre de 2025

Rafa y el ridículo.

En 1982 tres tipos, Luis Bolin, Mario Martinez e Iñigo Zabala montaron un grupo que llamaron La Unión. Poco tiempo después Rafa Sanchez se unió a ellos. La Unión, con la producción de Nacho Cano, sacó Lobo Hombre en Paris y lo acompañó con un disco fantástico titulado Mil Siluetas. Muy recomendable.

Tuvieron su golpe de realidad con el disco Maldito Viento que, siendo bueno, no tenía pelotazos como Lobo Hombre. Así que en el siguiente se desquitaron añadiendo al 4x4 la canción Donde Estabais ( en los malos tiempos). Esa canción es una maravilla perfecta para enviar a todos aquellos que desaparecen cuando ya no les resultas interesante. Más tarde siguieron con bastantes éxitos y esa carrera tuvo su punto más alto en el directo "Tren de Largo Recorrido" donde, a mi parecer, estaban en plenitud. Sonaban estupendos, Rafa hacía de frontman y el repertorio estaba anclado en la psique general. Canciones mediocres como "ella es un volcan" brillaban al lado de ambientes como en "Fueron los Celos".

Por alguna razón les dió por experimentar con el sonido, lo cual no es malo aunque sacaran discos olvidables. Evolucionar, incluso a peor,  no es malo excepto si terminas evolucionando a proyecto hombre. Algo pasó con ese grupo que se convirtió en alguien intentando volver a un sitio del que se fueron por decisión propia. Entre 2015 y 2020 Mario se muere y aparecen dos La Union. Es lo que pasó con Mocedades, que eran Mocedades y el Consorcio. La diferencia es que ninguno de los dos eran tan deprimentes como Rafa, con barba blanca y pinta de moderno trasnochado, intentando hacer música electrónica en su ultima época cantando lo marica que se siente cuando eso ya lo sabíamos de antes y no nos importaba una mierda. Justo ahí es a donde quería llegar. Salvando las distancias Rafa Sanchez es una especie de Maradona de la música española: tenía que haberse retirado cuando tuvo la oportunidad y ahora es una caricatura. Al menos no se ha vuelto un boliche.

Existen demasiadas personas que, con el tiempo, se convierten en caricaturas. Uno de los ejemplos más claros son las recién separadas que llevan veinte años sin salir a la calle y se visten con la ropa de hace veinte años, se comportan como creen que se comporta la gente al salir de fiesta y creen que han sido el alma de la discoteca hasta que se dan cuenta que son un meme. Otro clásico son los señores con descapotable que llevan a niñatas de acá para allá y te dicen que ligan mucho y que mola mazo. No se libra la juventud, aunque esos tienen margen de mejora, cuando se ponen un pantalón "cagado", una sudadera con capucha y van por la calle caminando con flow mirando a los transeúntes con cara de malotes. Yo tuve un guarpapolvo negro con hombreras en 1987, lo admito.

Supongo que existe un momento en el que las cosas que estaban bien pasan a ser ridículas. Sucede con la moda, la música, más que una ideología y bastantes expresiones orales. Algunas son cíclicas y otras son imposibles porque no volveremos a ser quienes fuimos. 

Una de las cosas más ridículas del mundo es un abuelete envuelto en la bandera del pollo haciendo loas a un muerto que no sabría sacar dinero de un cajero. Exactamente igual es un marica envuelto en una bandera de un pais islámico creyendo que lucha contra el capitalismo que no le deja tener netflix, dos pisos, un iphone y follar en todos los portales mientras te habla de lo maravillosa que era la segunda república (excepto si eras cura). Probablemente en 1945 ser de la falange estaba de moda pero ahora es ridiculo y trasnochado. Probablemente en 2011 era muy cool sentirse y manifestarse como alguien de izquierdas pero han necesitado torcer tanto el mensaje que resultan caricaturas peligrosas, como bombas de racimo de la confrontación.

Todas las personas ridículas, y no niego que yo pueda ser una de ellas, generan en mi compasión y desprecio. La compasión tiene mucho que ver con la falta de ubicación en la realidad en la que viven y el desprecio con la usurpación de un espacio que bien podría estar ocupado por alguien con capacidades para rellenarlo.

Dani Güiza era un futbolista de raza. Pasó de las categorías inferiores a lo más alto del deporte y de ahí volvió a sus orígenes. Hace no mucho los medios se hacían eco de que todavía jugaba en el equipo de su ciudad. Cuando le entrevistan cuenta que lo tuvo todo , que jugó con los mejores y que sigue haciendo lo que más le ha llenado siempre, pero que ya no está para ir a la Champions. En ese sentido, le admiro. Es alguien que ha sabido estar, subir bajar, equivocarse, volver, buscar su lugar y hasta mantenerse. No ha intentado seguir siendo quien ya no es, como un político absurdo, como un jubilado con pantalón ajustado o como Rafa Sánchez.

No deja de ser una metáfora que se puede hacer extensiva a demasiadas facetas de la vida.

Simplemente es aprender que hay tiempos para lo que somos y lo que sucede, Un día, porque si, ya no es nuestro sitio y es nuestra decisión hacer el ridículo o aceptar la nueva silla en la que sentarnos en el juego de la vida, justo cuando se para la música y antes que empiece la nueva canción.

El tiempo pasa tan deprisa, en Sildavia.

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