Mal dia para buscar

15 de abril de 2026

Cuando lo menos importante de un concierto es la música.



Se está celebrando el festiva Coachella allá, en California. Hay que reconocer, viendo el cartel, que la seleccion musical es amplia y bastante bien pensada para los tiempos que corren. He elegido un himno de los últimos tiempos para intentar ejemplificar la sensación que me produce. El truco es fácil: fíjate en el público. O, por si aquello no fuera un cabeza de cartel, date cuenta de la pasividad infinita con el temazo de Reptilia de los Strokes o con el super clásico de Passenger de Iggy a sus 78 años.



Podríamos pensar que es una cuestión de cambios en los gustos musicales, pero incluso el pop infantil y teatralizado de Sabrina Carpenter resulta como si el público estuviera viendo la tv. Con los herederos más modernos de Depeche y su elaboradísima puesta en escena pasa lo mismo. ¿Cual es mi teoria? Un festival de 600€ de precio por anticipado con café a 17€ no lleva a amantes de la música sino a aquellos que, mayoritariamente, lo viven como una especie de estatus extraño que dura tres días. Eso incluso cuando se hayan puesto de moda los microcréditos para ir a un concierto. Hace ya tiempo comentamos que existe toda una generación que como no se puede permitir "inversiones" de cierto calado (un coche, un piso o cualquier esfuerzo económico a largo lazo) se concentran en lujos "baratos" que, aunque sean gilipolleces o tampoco les agrade, pueden hacerles irradiar una imagen de potentados en el mundo estético de las redes. Por eso los chuches caros, los alquileres puntuales, y todo lo que pueda denominarse "lujo barato". Si a todos los que se han rendido a esperar al gran trasvase o se niegan a sacrificar absolutamente nada a cambio de su satisfaccion a corto plazo (!viva el descuento hiperbólico!) les sumamos los kidults, disponemos de una clase social entera a la que lanzar nuestras ofertísimas. Al fin y al cabo siempre es el mercado, amigo.

Coachella, por alguna razón, hace años que se convirtió en un espectáculo con los conciertos como excusa aunque la financiación personal sea secundaria. Cientos de vídeos con tutoriales de cómo hay que vestirse para ir o con recopilaciones de los outfits van ametrallando Internet. Noticias sobre lo vacíos que están los puestos de comida ( porque la juventud se pincha Ozempic) me recuerda a una parte de la serie (6,5/10) de The Beauty en donde se supone que existe una inyección que te hace guapo aun a riesgo de que te revienten las entrañas, y las adolescentes americanas se las inyectan incluso pidiendo créditos para el pico.

Que la música es secundaria es algo que ya pasó con Eurovisión y muchas discotecas. Hay demasiados eventos que utilizan como excusa lo que antes era el centro del acto. Demasiadas personas que no saben leer van a presentaciones de libros. Hay novias de futbolistas que jamás han creído en el amor. Hacer el bien para el pueblo ya no era importante ni para los políticos romanos. He oido jurar lo buenísima que es alguna peli a gente que estoy seguro que no la ha visto pero que siente que debe de hacer esa u otra valoración, y hacer una foto con el cartel a la puerta del cine.

A Coachella, como a muchos otros lugares, no van amantes (mayoritariamente) de la música independientemente de lo bueno o malo que sea el espectáculo. Es, porque se ha ido haciendo ese hueco desde hace años, un escaparate carísimo que elogia el vacío cultural y del que no se intenta volver después incluso de haber vivido una experiencia enriquecedora sino poder torpedear con tus fotos a una supuesta plebe de adoradores virtuales que te hagan sentir admirado/a lo suficiente como para sentir que tu ego puede pagar los créditos que te has pedido (económicos o personales). La música, igual que a los eurofans, no te importa en absoluto. Viene a ser lo mismo que comprarte un coche carísimo con muchos oros, pero a menor precio. Por supuesto, sin disfrutar en absoluto de la conducción.

Conozco a fans de los coches a los que se les iluminan los ojos cuando se les va de atrás un renault 5 culo gordo o pasan al lado de un Jaguar E Type. Sin embargo en los tiempos que corren parece que tres pantallas, muchos pitiditos y que parezca que lo tienes más grande que tu vecino es muchísimo más rentable para los fabricantes que la sensación de conducción o la sonrisa tonta que se te puede poner al entrar de costado en una curva de montaña mientras te va persiguiendo el atardecer sin saber, exactamente, el lugar al que vas porque lo importante es lo mucho que disfrutas devorando kilómetros.

Actualmente no hay lugar más bello para sentir la música que los miles de conciertos pequeños, con una cerveza en la mano, en donde lo importante es lo que has ido a ver, que es la música. Aquellos espectáculos increíbles con Wembley lleno de personas dispuestas a disfrutar se acabaron con varias cosas: los móviles, las redes, la hipócrita necesidad humana de notoriedad y llegar a la conclusión que en un show en el que nadie presta atención al escenario no te lo puedes pasar bien. Los intentos de reinvención musical han pasado por aquel show de U2 dentro de la esfera de Las Vegas, la gracieta ecosostenible de un grupo muerto (vive aún de sus dos primeros discos y medio) con ínfulas como Coldplay o los espectáculos de música sin músicos de divas al estilo Beyonce o Rosalía, hijas todas de la Madonna del conffesion tour.

Pero, desafortunadamente, un momento Freedie en Wembley , un Burging en 1991 con Antonio Vega de rodillas frente a Pepe Risi o un AcDc en Buenos aires no lo vas a vivir en Coachella. Lo dicho: fíjate en la gente y dime quien está disfrutando.

Serán los tiempos nuevos y que cada uno se gasta el dinero en lo que quiere, pero no me digas que te gusta la música si no te veo disfrutar excepto cuando me cuentas el outfit o me publicas tres poses en Coachella. Al menos reconoce que lo menos importante del concierto para ti es, la música.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ahí le has dado. Se ha convertido en un Espectáculo bochornoso este festival.