Rick davies ( Supertramp) falleció en 2025. Asi que para terminar el año me tenía guardada una canción que obligué a que sonara en un anuncio de radio que hice hace muchos años. Ese piano, ese sonido.
Mal dia para buscar
31 de diciembre de 2025
30 de diciembre de 2025
2025, hallazgos musicales nacionales sin criterio
Desafortunadamente para mi lo escucho todo. Muy a mi pesar he desarrollado esa capacidad de aprender a valorar el trabajo y la calidad de algunas tonadillas que, con las escuchas, voy descubriendo que están tan trabajadas que merece la pena no olvidarlas.
Así que después de revisar las listas ( de otros) me he dado cuenta que el año 2025 ha sido el año en el que Carlos Ares, con un sonido celta, intimo pero hasta cierto punto nuevo, se posiciona como uno de los creadores del año.
28 de diciembre de 2025
Tontos y malvados.
Partimos de la realidad incontestable certificada en la que cualquier ideología, llevada al extremo, termina siendo la misma. Un derechón recalcitrante tiene más cosas en común con un izquierdista radiKal de lo que le gustaria admitir. Los actos que realizan, básicamente establecidos en la necesidad de eliminación hasta la raíz de cualquier cosa que no suene a lo que les parece correcto, levan la misma línea.
Sin embargo en el momento en el que me puse a escribir mi libro maldito ( Gora España) me percaté que hay pequeñísimos detalles. El primero es que los dos se sienten satisfechos por la muerte del diferente pero si bien el de izquierdas se da golpes en el pecho, orgulloso de ser el ejecutor, el extremo derecho pone cara de circunstancia y te dice "vaya, qué pena, se murió".
Ahondando en esas diferencias me he dado cuenta de algo curioso. La derecha convencida ve al tipo de izquierdas como un tontaina que dice cosas loquísimas. Le trata como a alguien con una falta de riego que le impide ver la realidad como es y que se pone muy serio haciendo propuestas completamente imbéciles. Sigo sin saber si la propuesta de podemos para que la gente trabaje menos los lunes para potenciar la salud mental después del fin de semana es o no una inocentada. Por el contrario los ojos de alguien muy y mucho de izquierdas se llenan de sangre al ver al "enemigo" como alguien intrínsecamente malvado que solamente puede parir cosas malas. Cualquier cosa que diga es considerada como algo que acabará con la vida en la tierra, sea lo que sea. A un radiKal no le puedes convencer que no vayan a matar a los negros, a los maricas, esconder a las mujeres y llenarlo todo de centrales nucleares que van a explotar. Además están convencidos que se reunen en catacumbas disfrutando del desastre global.
Así que la diferencia nueva que hemos aprendido hoy es que el extremo izquierda es tonto y el extremo derecha es malo, al menos en los ojos del otro.
Los dos mantienen una visión sesgada de la realidad, pero eso es en lo que se basan los extremismos. Y si consideramos que fascismo es la necesidad de eliminación del diferente, lo son los dos.
27 de diciembre de 2025
Wish you where here.
Porque todos echamos de menos a alguien.
50 años tiene esta canción.
Así que crees que puedes distinguir
el cielo del infierno
el cielo azul del dolor
¿puedes distinguir un campo verde
de una fría vía de acero?
¿una sonrisa de un velo?
¿crees que puedes distinguir?
¿Ellos te hicieron cambiar tus héroes por fantasmas?
¿cenizas calientes por arboles?
¿aire caliente por una brisa fría?
¿comfort frío por cambio?
y ¿cambiaste
abandonar la guerra por una posición estelar en una jaula?
Como deseo, como deseo que estuvieras aquí
somos solo dos almas perdidas nadando en un recipiente
año tras año, siempre en el mismo lugar
¿que has encontrado?
los mismos miedos de siempre
deseo que estuvieras aquí
La navidad del egoismo.
La madre Teresa de Calcuta mantenía que el egoismo era el germen de todos los males. Por mi parte siempre pensé que era la estupidez pero, si lo pensamos bien, la estupidez es una manera infame de llevar a cabo la posesión humana por el egoismo.
Que vivimos en unos tiempos egoistas es algo bastante palmario. Al fin y al cabo, y aquí hablo de política, hay una gran multitud de personas que votan dependiendo de lo que le den a ellos personalmente y otra multitud que quiere que les den lo que les están dando a otros que no se lo merecen.
El "ya vendrá otro a limpiar mi mierda" es un clásico que se maquilla de maneras extrañas, pero eso parte de la justificación mental que cada uno se hace para defenderse. Al fin y al cabo, centrándonos en España, nadie se escandaliza lo suficiente cuando aparece una generación que mayoritariamente quiere ser funcionario o jubilado. No porque trabajen poco o se den la vida cañón, porque habrá de todo, pero sí porque existe una búsqueda basada en la satisfacción personal como prioridad, condicionada por un respaldo económico que habrán de hacer los otros para mi propia felicidad. Es como si existiese la obligación de pasar de ser tutelados por los padres a serlo por el estado sin pasar, en ningún caso, a depender de las propias capacidades en ni un solo instante.
Una sociedad que no se plantea nada más que tocarse el arco del triunfo el mayor periodo de tiempo posible es una sociedad destinada a morir.
Pero que muera después de que yo cobre.
Hay pequeñísimas diferencias entre aquel arquetipo de la señora mayor enjoyada que va a dar caldo a los pobres una vez cada seis meses respecto de la mujer emponderada que ahora se pirra por el boysober y que va, con su septum, envuelta en una bandera palestina pidiendo que a ella le cobren menos por el alquiler porque los ricos, tratrá. Quizá la señora, al menos, da caldo. Las dos calman su moralidad para sentirse, ellas, mejor. Hay una enorme diferencia entre la bondad real y la autocomplacencia. Ha germinado, como una mala hierba, la idea de que ser bueno sin nada a cambio es de gilipollas. Y aquí nadie quiere ser señalado como gilipollas.
Vivimos como conducimos: saltándonos los semáforos que no tienen cámara, frenando de golpe en los radares, adelantando por el carril derecho y no teniendo, jamás, la culpa en un accidente. O cruzando, si somos peatones, más despacio todavía a ver si el que conduce para completamente como yo me merezco.
Así que llega la navidad y como estamos convencidos que hemos sido los buenos, hemos de recibir amor, regalos, calor y unas viandas adecuadas. Cualquier otra opción es inviable porque la fiesta, la subvención, la paga extra y la admiración externa ha de ser nuestra. Mia. Para mi. Todo porque soy yo. Porque lo merezco. Porque lo he hecho todo bien. Porque soy un egoista de mierda. Porque me lo dicen en los anuncios y en los mensajes copiados y pegados que nos mandan los sosos sin gracia de todos los años.
Luego ya tendremos tiempo de sobra para criticar a los demás lo que hacemos nosotros, que es lo que pasa siempre. Habrá quien te cuente en una cena que si viene la derecha se harán con las empresas y podrán a sus colegas en los puestos, corrompiendo al estado por sus intereses espúreos y sus ansias de poder. Habrá quien te diga que los pijopogres se llenan los bolsillos con mil tonterías que se inventan para entretenernos en peleítas mientras te quitan más y más de tu trabajo con lo que seguir comprando votos. En realidad vienen a ser la misma mierda porque todo el que cree en bandos ha de ubicarse en uno y eso le hace ser un títere. Al fin y al cabo el egoismo no entiende de ideologías ni de épocas del año, aunque ahora está más presente que un anuncio de colonias.
22 de diciembre de 2025
La regulatoria vida europea aburrida.
20 de diciembre de 2025
20 de diciembre
19 de diciembre de 2025
Kidults
Las estadísticas dicen que el 30% de los juguetes los compran adultos. Perdón, los compran para usarlos adultos.
Siempre hemos advertido que la edad y lo que se le supone a la edad es algo contra lo que el ser humano tiende a rebelarse. Las niñas de 12 años se maquillan como travestis de 40 a punto de subirse a una carroza del orgullo y la prima Mari Pili se compra para su 60 cumpleaños unos leggins ajustados y un sujetador que le pone las tetas a la altura de la epiglotis. Los tipos de 40 han tenido, históricamente, esa querencia al deportivo y yo me volví motero. Curiosamente, con 26, yo venía a trabajar con traje y corbata. Quiero decir que no estoy muy alejado de ese fenómeno. Quizá, solamente quizá, también vaya con la edad comportarte como un gilipollas.
La pregunta, como en casi todo, es si con el paso del tiempo la sociedad se ha vuelto más gilipollas. La respuesta, claramente, es que si.
Es una respuesta positiva porque es cristalina la infantilización de la sociedad. No es extraño toparse con personas adultas en su documento de identidad y que incluso han tenido la idea loca de procrear, que viven actuando como si el mundo fuera un reflejo de alguna película en la que creen vivir y en la que, por supuesto, son los buenos. Probablemente el mundo real sea un lugar en el que hay que intentar no caer nunca. Evitarlo como si el suelo tuviera lava. Hemos idealizado por encima de sus posibilidades a los padres colegas y a los señores con traje que juegan con los niños al salir del trabajo (y en los anuncios) Nadie valoró la posibilidad que los niños fueran ellos.
En el mundo comercial llaman kidult al personaje que, haciendo lo imposible por no crecer y, además, regodearse en su infantilidad, se gasta un puto dineral en muñequitos y elementos varios de aspecto profundamente infantil.
Hay artículos extensos sobre ello.
No solamente es la cuestión económica ni la excusa de sentir morriña de tiempos pasados, como puede sentir mi madre al oir unas notas de Marifé de Triana, porque mi madre no se gasta la pensión en catorce trajes de faralaes. Lo que si hace José Ramón es gastarse la pasta en unos muñecos de los Goonies antes de pagar el alquiler y publicar fotos en Instagram de Gordi. Luego se pide una edición limitada en vinilo transparente de la banda sonora de Star Wars en una web de discos polaca y se queja que no le llega para vivir, aunque en vez de pechugas de pollo se ha comprado unas Panteras Rosas. La sociedad capitalista le impide, afirma, desarrollarse como persona. Si no te gusta Regreso al Futuro (incluso si criticas la más floja, que es la segunda), te deja de hablar.
En cierta ocasión llegué a pensar que existía una clase social que se había decidido esconder en los 80 y los 90 porque en aquellos tiempos recordaban ser felices. Lo tenían en la cabeza como un momento de felicidad, esperanzas y capacidad de sorpresa que se podía retomar si se conseguía que el entorno volviera a ser igual. Para eso se sacaba del trastero el tocadiscos, algún radiocassette, las Air Jordan y te ponías a ver Robocop.
Ahora parece que simplemente es que certifica que la industria ha descubierto que hay toda una multitud dispuesta a gastarse los dineros en chorisandeces que huelan a la naftalina de los 80. Réplicas del coche fantástico, bañadores de los vigilantes de la playa, reediciones de Donde está Wally, blandi blup o clicks de famobil. No como una gracia puntual que pueda estar en una balda del salón, sino como un estilo de vida. Un estilo que certifica que no querías volver a ese lugar en el que crees que eras feliz sino que has decidido ser un niñato de mierda para no aceptar que no serás jamás el adulto que debías ser.
La industria juguetera tiene estudios que afirman que el 50% de las cositas que hagan las comprarán los futuros kidults. A ver si en breve vamos a ver a menores invirtiendo en bolsa con sus móviles en los parques infantiles mientras sus padres se baten, con espadas láser certificadas por Lucasfilm, en la base del tobogan, que es la plataforma de lanzamiento de la estrella de la muerte.
18 de diciembre de 2025
Nimiedades técnicas.
Hace unas semanas aparecía la noticia cierta que afirmaba: los propietarios de Porsches en Rusia se levantan incapaces de arrancar sus automóviles. Así que aunque parezca que es algo que solamente les puede pasar a otros ( porque ni tenemos un 911 ni somos rusos) nos puede servir de ejemplo de algo muchísimo más cercano que, de una forma u otra, ya nos afecta.
El caso es que los coches tienen un sistema de "seguridad" que hace que se conecten a un sistema de localización que certifica que el coche no ha sido robado y, una vez aprobado su servicio, permite arrancar el coche. Como quien lleva ese servicio no trabaja en Rusia por lo de que invade paises y esas cosas, ese servicio no funciona, el coche cree que ha sido robado y va a arrancar tralará.
También se ha convertido en noticia que Roomba, los que hacían las máquinas infernales esas, juguetes de gatos, que limpian tu casa, cierra. Algunos creen que eso hará que la maquinita no sepa lo que tiene que limpiar y se vuelva loca en una especie de alzehimer tecnológico. Ahora ya te preocupa un poco más porque si no la tienes, alguna vez has pensado comprarte una.
Lo que sí que tienes es un almacenamiento en la nube. Joder, eso va de gratis con la cuenta del teléfono. No es gran cosa pero ahí está, salvándote los contactos y las fotos de tus primos chupando un limón en el cumpleaños del abuelo. Si esas empresas cierran o deciden, porque si, que mañana ya no te dan ese servicio, lo pierdes. Mi padre tenía una libretita escrita a mano con los contactos y en el salón estaban los álbumes de fotos que todavía se pueden ojear sin gastar ninguna batería.
El GPS, no nos olvidemos, es un sistema de posicionamiento tutelado por el ejército americano. Es algo cedido al mundo porque son así de buenísimas personas. Eso no quita que si EEUU entra en guerra en algún lugar disponen de un botoncito por el que tu coche se vuelve picha y te deja de ir el Waze. A ellos sí pero a ti no. Probablemente hasta sabrán donde estás pero tú no sabes si miras al norte , al sur o a Cuenca.
Hay infinidad de ejemplos en los que muchos de nuestros comportamientos diarios son dependientes de máquinas , servidores, software y servicios que están fuera de nuestro control. Por supuesto cosas tan básicas como el acceso al agua potable, la electricidad y la comida tenemos asumido que nos las pueden cortar con girar una llave de paso. Quizá lo que no tenemos asumido son otras mucha nimiedades tecnológicas: la aplicación con la que encendemos la calefacción desde el trabajo, la app esa donde apuntamos recordatorios, el programa de contabilidad en el que picamos datos horas y horas o simplemente aceptar que nuestro coche almacena los lugares por los que vamos, la velocidad a la que vamos y los adelantamientos que hacemos para vender esos datos a las aseguradoras y , asi, ganar dinero con nosotros a cambio de hacernos pensar que lo hacen por nuestro bien porque nos saluda por nuestro nombre al sentarnos al volante.
Voy a contarlo de memoria: un tipo se mete una piña con un Tesla y se mata. El coche es recuperable ( pero el dueño no). Un señor bastante manitas compra el vehículo y con tiempo y esfuerzo lo arregla. El coche no arranca. Desde Tesla le indican que lo que pasa es que el servidor de EEUU detectó una desaceleración brusca y eso inhabilita el vehículo por software. El mecánico explica que el coche ya está bien pero que para arrancarlo necesita que le activen el auto. y le piden la contraseña de usuario. No la tiene porque el usuario está muerto. Lo último que supe es que aquel coche seguía arreglado pero parado. Básicamente porque la máquina dice que no.
Hay un gag mítico de Little Britain titulado computer says no.
13 de diciembre de 2025
Ese lugar tan cómodo y tan igual
Hace ya unos cuantos años y en una época bastante complicada en cuanto a capacidad de decidir nada por mi mismo conocí a una mujer. Supongo que fue ella la que me conoció o me recuperó o simplemente me utilizó de adorno adecuado, no lo sé. El caso es que por aquella época tuvo un momento de éxito aceptable Santi Millán. Con su cara de malote con corazón, un pelito largo, la barba poblada pero desarreglada con control, los vaqueros con zapatillas y la sensación de oler bien.
Con el paso de los meses y por propia ley de vida, fui retornando a lo que yo había sido y en esos instantes uno va teniendo pequeñas constancias de lo sucedido en el tiempo intermedio. Uno se descubre a si mismo como si hubiese salido de un coma en el que actuaba como un ser humano, pero siendo un espejismo. Lo que descubrí es que aquella mujer me había ido convirtiendo en un mini Santi Millán. Curiosamente de eso me di cuenta estando en la misma estancia que el mismísimo Santi. No se me ocurrió otra cosa que acercarme a él y hacer uso de las nuevas tecnologías. Hizo, desde mi teléfono, una videollamada a aquella chica. "No entiendo por qué tienes que cambiar a este chico en alguien que se parezca a mi, cuando es un tipo fenómeno"- le dijo. Entonces me di cuenta que ella no estaba conmigo por ser yo sino por poderme cambiar. Es, o era, porque no sé nada de su vida, alguien que se empeña en que todo lo que exista en su mundo se aproxime a lo que espera del mundo y le da igual inventárselo, cambiarlo o pintarlo. No quiere que la vida y la gente le sorprenda, le aporte o le haga plantearse sus bases. Es totalmente al contrario: las cosas y las gentes tienen que ser lo que tienen que ser y si no son así, no existen o son el enemigo.
Hay muchísima gente así.
No me refiero a que tengan sueños eróticos con Santi Millán, que los habrá, sino que necesitan que el mundo sea exactamente como creen que es. Hoy, sábado, recibí una llamada a eso de las 10am. "Buenos días"- "Hola, ¿ tú eres informático?"- "Hombre, algo sé. Dígame"- "Si yo te doy un número de móvil, ¿ me haces un rastreo y me dices donde está?"- Ahí dejé unos segundos para la respuesta- "Pues la verdad es que no porque lo que me estás pidiendo es ilegal y para eso tienes a la policía"- "No me parece bien. ¿Y si es mi teléfono que me lo han robado?"- "Con más razón. Te vas a poner la denuncia y la policía se encargará". Me colgó la llamada con indignación y estoy convencido que anoche el Jonatan la dejó tirada en una disco y está convencida que se está tirando a la Jennifer. Como en la tele la policía tiene a un tipo con un ordenador que localiza cualquier cosa antes de la pausa de los anuncios, con una llamada pensaba que lo iba a resolver. Todo esto es porque en su mundo las cosas son así.
Y si las cosas no son así es porque el universo, confabulado para que ella no sea feliz, la castiga por ser ella.
En ningún momento ha de valorar que no esté en lo cierto o que haya parámetros incorrectos en su planteamiento, simplemente es como piensa y punto. Las personas son como han de ser, le han de gustar lo que le gusta, hablar de lo que hable ella y ver el mundo con las gafas que ha aprendido a llevar. Si le gusta ir a Ibiza Locomía es lo que le gusta A TODO el mundo. Si se droga es porque lo hace TODO el mundo. Si lleva tanga de leopardo es porque lo usa TODO el mundo. Quien no sea así no existe o es el enemigo.
Espero que haya personas, que es mi caso, que se apasionan al descubrir que aprenden de otras. La suposición básica reside en la multitud de opciones, estudios, pasiones, aficiones, ropas, músicas o expresiones artísticas. Igualmente creo que estar abierto a la variedad e incluso ponerse en duda a uno mismo cada segundo es algo agotador y es por ello por lo que hay quien decide que todo es exactamente como cree que es. Viene a ser como los fanáticos políticos, que están convencidos que la gente piensa como ellos en todo , que los suyos son puros de alma y que los que lo pongan en duda habrían de ser perfectamente cancelados, incluso en R. ( chiste lingüístico forzado). En realidad es una forma de supervivencia infantil y absurda, pero es la base por la que se generan grupos y cuchipandis de seres tan similares. Será como los monos, que se reconocen oliéndose el culo, como algunos se reconocen con sus formas de entender la realidad.
Cuando surgió la primavera árabe en Egipto mantuve una conversación con una buena mujer en un pub de Londres. Ella mantenía que la libertad de la sociedad está por encima de todo y que el pueblo egipcio era libre de decidir por si mismo. Es un argumento de peso. Lo curioso es que estaba convencida que esa democrática elección social les llevaría a una cuidad de El Cairo con sus bares con música en directo, recogida efectiva de basuras, baja tasa de delincuencia, productividad laboral , algún que otro McDonalds y felicidad plena. Yo mantenía que, si bien estaba de acuerdo con lo de la democracia, podría suceder que terminaran imponiendo leyes árabes y que para conducir tuviera que ir con su marido y viendo todo detrás de un burka. Que si acaso no era una opción. "Por supuesto que no", me decía. Lo decía porque en su mundo es imposible que alguien tomara esa decisión y sin embargo un nuevo gobierno, fruto de esa primavera, empezó a jugar con los derechos de las mujeres egipcias unos meses después.
La conclusión es que el problema de todo eso aparece cuando descubres que el mundo de verdad no es como tú lo creías. A veces es demasiado tarde. Supongo que como cuando fueron a por los judíos pero como yo no era judío, no me preocupé.
En la sociedad democrática en la que vivimos hay una mayoría convencida de unas bases inamovibles que, ciertamente, no son ciertas. Queremos estar seguros que las personas son buenas, sanas, trabajadoras, honestas, fieles, que se van de vacaciones, que les gusta el ron con cola, la música pop y son felices en navidad. Si existe, por lo que fuera, alguien que no sea así es porque está enfermo o vive poseído por la maldad extrema.
Ésta es la base por la que parte de esta sociedad se va a la mierda, porque es incapaz de aceptar que haya alguien que no piense IGUAL. Peor incluso, que si no piensa IGUAL, (y no puedes hacer como que no existe) es el enemigo. Cada época tiene su Pleasentville.
Ahora has de pensar si tus actos o tus premisas mentales te hacen pertenecer a ese lugar tan cómodo y tan igual.
10 de diciembre de 2025
Robe ( joder, qué putada sin ti)
Hace tres horas se publicó un video de despedida de Robe en la que va a ser una de las semanas más tristes de la música de este país:
9 de diciembre de 2025
Jorge Ilegal
Reconozco que es una figura que siempre ha llamado mi atención. A veces por la música, y eso se debe a mi sangre necesitada de riffs de guitarra ejecutados con precisión y suciedad extrema. Otras veces por su manera de expresar conclusiones, casi siempre basadas en una lógica aplastante. Siempre, siempre, por su actitud coherente. Jorge ha representado a un tipo de esos que actuaba con unos valores y unas actitudes más que firmes y es que alguien que hace eso, acertado o no, requiere admiración.
Jorge nos dejó ayer, a los 70 años. Es quien espía los juegos de los niños.
5 de diciembre de 2025
Odio a la gente feliz ( hallazgo)
He encontrado unas líneas de algo que tuvo, una vez, la forma de introducción de un libro.
Dice asi:
Odio a la gente feliz.
Es un diagnóstico, el de la felicidad que no el del odio. Lo
del odio es natural porque está
justificado. Lo que no es natural es la necesidad aquella de ser feliz siempre,
con todo. Hay personas que se sienten plenas cuando sus hijos recién nacidos,
mientras les cambian el pañal, les orinan en la cara. Si bien cada uno vive el
milagro de la vida a su forma y yo no he pasado por esa situación. Cuentan que
es aparentemente similar a una inyección de droga potente y creo que un
escenario feliz no iba a ser mi decorado elegido. Mucho menos, que ahí viene lo
más grave, esforzarse en demostrar al resto del público lo inmensamente
maravilloso y pleno que me hace ser dicha circunstancia es algo que me resulta
desaprensivo y maquiavélico. Las personas felices sonríen como payasos después
de haber seccionado en trozos a su última víctima. Así que ese odio tan
cristalino que me hacen sentir no es una maldad sino un equilibrio poético
entre la verdad y la hipocresía. Debería de estar justificada la ejecución de
un dolor directamente proporcional al halo de felicidad que irradian cuando se
ponen el disfraz de personas plenas, incluso llegando a la amputación.
4 de diciembre de 2025
Se acaba la magia
Si lo pensamos con suficiente distancia el Black Friday es el Papa Noel ( o reyes magos) de la edad adulta. No existe, juega con tus ilusiones y quieres pensar que es verdad porque de alguna forma eso te reconforta.
Existen multitud de mentiras que necesitamos creer.
Ayer apareció una señora no excesivamente mayor en mi puesto de trabajo. Hizo un razonamiento lógico. Había visto en televisión que hoy en día, con dos clicks, la inteligencia artificial puede coger una foto nuestra, embellecernos, vestirnos con la ropa que queramos y ubicarnos en el parnaso que es Internet. Así que apareció con fotos de su vida ( reuniones, viajes, celebraciones) y una colección de vestidos y complementos que le gustaban. Se sentó en la silla de comprar ordenadores y desplegó todas las exigencias que tenía para su nueva imagen. "De aquí quitas el collar y me pones este vestido de acá. Me quitas a ese que sale detrás en la foto y que el paisaje sea la playa de Miño, en Galicia. Luego lo pones en mi cuenta de facebook y en mi estado de whatsapp". Obviamente, teniendo en cuenta que vendemos tecnología, intentamos indicarle el camino y ella lo razonó fácil: "en la tele dicen que se hace en segundos. Son unas veinte, así que no os voy a quitar más de cinco minutos". Y tan pancha.
Alguien que se dedica al servicio técnico me comentó en cierta ocasión que el cliente no ha de saber, jamás, si ese trabajo nos ha llevado diez segundos o diez horas. Supongo que ese es el motivo por el que se hace toda esa parafernalia burocrática protocolaria cuando algún dispositivo ha de pasar al lugar donde se produce la magia, que es el taller. Da lo mismo que sea un coche, un teléfono, un ordenador luminoso o Maria Del Carmen con una piedra en un riñón. Lo importante es vender la magia que lleva incorporado un "tachán".
He de reconocer que hace unos cuantos años nos sorprendía e incluso admirábamos a quienes disponían del don de la reparación. Un mecánico sucio de grasa, con una 13-14 en la mano, ajustando la tuerca adecuada que te dice "prueba ahora", y arranca. Un médico quitándose la mascarilla mientras se acerca, sudoroso aún, a la familia para decirles que afortunadamente todo ha salido bien.
Tengo una amiga aceptablemente resolutiva que mantiene lo siguiente: "Entre la gente que conoces y que no has de perder el contacto siempre se tiene que tener un médico, un informático, un abogado y un electricista". Se casó con un cubano, especialista en motores, capaz de arreglar casi cualquier cosa.
Sin embargo de un tiempo a esta parte y fruto de la publicidad, junto con los tutoriales de internet, se vive una época de desprecio del profesional. Como en algún lugar o video locutado con un acento específico alguien te cuenta que se hace click, tras, tris, zas... y ya está, te quedas esperando que sea incluso más rápido. Mantienes que un mono con un teclado es capaz de lograr la magia y te pasas por el forro los años de carrera, los años de experiencia y la probabilidad de que no se produzca esa magia. Lo último es que el ordenador esté roto o que la abuela se haya muerto.
En política pasa de una manera mucho más flagrante. Si alguien quisiera contar la verdad y nos dijese, de forma sincera, que hay problemas con soluciones imperfectas o sacrificadas, va a perder las elecciones. Las va a perder porque aparece un tipo que te dice que en menos de dos meses te va a crecer el rabo, vas a ser rico, te va a querer mucho más tu pareja y la vida va a ser un spa. Y le votas porque quieres creer en la magia, porque te encanta que te engañen como en el Black Friday.
Al igual que las "ofertas", que no desaparecen nunca y te dejan viviendo en la excepcionalidad continua, todos esos estímulos que han ido matando la magia están presentes a cada minuto. Adoras creértelo. Hay yonkis del cartel de "ultimas unidades" que tienen grabado en el teléfono, orgullosos, el video en el que están pegándose con una señora obesa en chandal por una freidora de aire a mitad de precio. Hay más de una persona que te dice que le montes un mueble del Ikea y piensa que eres imbécil si no lo has montado en cinco minutos porque hay instrucciones con unos muñequitos monísimos. Obvio es que cuanto más se queja alguien, menos lo ha intentado.
Lo que es cristalinamente cierto es que la magia es algo que , con los imputs modernos, se da por hecho y cuando se da por hecho algo, deja de ser mágico.
Estamos siendo espectadores del final de muchas magias, también del final de muchas satisfacciones porque hay demasiados cuñados que asesinan el gustito que da cuando consigues algo por ti mismo. Asesinar la meritocracia es un recurso de una sociedad de mediocres que no quieren dejar de serlo y que si lo dice chatgpt ( o una oferta de Temu) ya creen que es verdad sin pensar en lo loco de esa premisa.
Pd: Hoy he tenido a mas de cinco clientes que han intentado montar su ordenador solitos y el 90% han puesto algo al revés. Se quedan quietos delante de mi esperando que haga magia y se enfadan cuando les digo que son 50€.
Pd2: Por cierto, y lo digo para reflexionar, las rebajas están reguladas por ley. No pueden engañarte vilmente de una forma sencilla. Pero si lo llamas Black Thursday, SuperLunes, Martes locatis, Sin iva day o "la gran estafa", pueden mentirte como un bellaco cien veces.
1 de diciembre de 2025
Usar la libertad: el gran antisistema.
Ayer bajé la basura a última hora y me crucé con un grupo bastante amplio de mujeres de mediana edad, exultantes, ruidosas y festivas, que salían de un concierto de David Bisbal celebrado a menos de un kilómetro de mi casa. Tuve que suponer, por la efusividad global, que prácticamente había sido como una orgía de satisfacción con entrada en la que , durante unas horas, David había satisfecho casi sexualmente a todas y cada una de las que se cruzaron conmigo.
Después pensé si les sucedía lo mismo con la gira de Los Pecos o si aún llenaban estadios La Década Prodigiosa.
Reconozco que, aún manteniendo muy a mi pesar una tolerancia extrema por las libertades de los demás, soy un talibán en cuestiones musicales. No lo evito sino que lo admito. Hoy en día la aceptación de tus intolerancias, excepto si es al gluten, está mal vista.
Hay algo que se impone de una manera sibilina constantemente. Son todas esas cosas, pequeñas cada una pero enormes en su globalidad, que no se ponen en duda. Una especie de matemáticas de la moral. Has de querer ser feliz, que te guste el balompié, desear el amor eterno, defender la vida, preocuparte por los más necesitados, perder el culo por una tarde de copas y que no te guste trabajar. Son ejemplos. Cualquier oposición a esos ítems sociales solamente se pueden entender como ser un enfermo peligroso. A veces, que es mucho más preocupante, te tildan de intolerante.
No hay nada de intolerancia en no ser partícipe de llegar al quinto gin tonic envuelto en conversaciones insulsas sobre las enfermedades de los niños de otros. Yo no tengo ningún problema en que hagas tú lo que quieras hacer y lo realices las veces que te de la gana, pero no me obligues a hacerlo. Estoy convencido que hay una bondad extrema en querer hacerme compartir la felicidad superlativa que te embarga todas las veces que tu equipo deportivo anota un gol pero es que no quiero ir. Es más, hago uso de mi libertad si no quiero ir. Ni siquiera significa que esté criticando el goce extremo que tienen los fans de Melendi en un concierto de Melendi, pero si me atas una correa al cuello y me haces ir a un concierto de Ramón, eres tú quien, en aras de la felicidad supuesta, impones un criterio por encima de mi elección personal.
-Idiota, que te va a gustar.
Que algo te guste a ti no significa que me tenga que gustar a mi. Que tú creas en la gloriosa exaltación del amor no ha de obligarme a convertirme en una tarta de merengue que envíe mensajes sentimentales todas las mañanas a las ocho. Lo haré si me apetece y todas esas veces serán de verdad. Por supuesto que el marido de tu amiga Mari Pili la quiere muchísimo y lo hace, pero cada uno quiere como le da la gana. Conozco a gente tan chaquetera en el amor como en el voto.
Hace cien años Manolo Rodriguez te decía, con sinceridad extrema, que no podía ser que quisieras estar soltero o que te gustara otro varón. No te lo decía porque odiase a los maricas sino porque en su bienhacer de las cosas estaba, como única opción, el amor entre un hombre y una mujer orientado a la formación de una familia feliz. Manolo quiere lo mejor para tí y te quiere orientar ( e incluso obligar) a que aceptes como ciertos los estamentos básicos de su estilo de vida. Hoy en día eso sucede con otras cosas, pero sucede. Te tiene que gustar ir a un buen hotel y que te hagan la pedicura en una sala climatizada, pero a mi me da mucho asco que me anden en los pies. Te ha de volver loco un festejo con ruido y fuegos artificiales, poblado de gente apelotonada frente al puesto de churros. No se entiende que prefieras una deprimente película polaca sobre la soledad humana que el último pelotazo de Disney. Es incomprensible que te gusten los toros o que prefieras sentarte con una señora en una silla plegable junto a la carretera nacional de un pueblo de Avila que quince días en un resort de Puntacana con esos cócteles de sombrilla tan kitsch. El sistema, metamorfoseado en imposiciones establecidas que cambian con los tiempos, intenta imponerte sus reglas.
Obviamente todas las imposiciones son restricciones a la libertad personal, incluso la obligación de vivir.
Si un suicida decide saltar, es un acto de libertad personal. Podríamos pensar que se puede establecer un dialogo razonado con sus salvadores pero si lo ha razonado y ha llegado a la conclusión de desear emplear su libertad en ello, nada debería de impedírselo. Es un ejemplo extremo, por lo imposible de la rectificación, pero es así.
A nuestro alrededor se establecen muchísimas bases sociales que discriminan a todo aquel que las pone en duda o simplemente decide no compartirlas. La propia sociedad discrimina, quizá inconscientemente, a quien no las acepta como jodidos dogmas de fe modernos. A veces, incluso, solamente preguntando el por qué de ellas se te deja a un lado como una persona sospechosa.
Luego está eso de que somos una sociedad libre pero, en realidad, las sociedades juegan a limitar tu libertad con los patrones que tiene la camisa social de esos tiempos.
Supongo que hacer uso de la libertad personal ha sido, y es, la forma más antisistema de vivir que existe. Con el de antes y con el de ahora. Ni antes ni ahora va de la mano con ninguna recompensa social, eso es seguro.
Pd: y yono tengo ningún problema en que cada uno haga lo que quiera con su centro, como decía una señora muy mayor que conocí hace 15 años, pero no acepto que se me obligue a, dubidú, ser como tu.
27 de noviembre de 2025
La voz interior, el enemigo y la necesidad de aceptarlo. (y C.R.A.Z.Y)
C.r.a.z.y, que es una jodida maravilla de película, tiene dos momentos musicalmente gloriosos.
Uno incluye a los Rolling Stones. Otro a Bowie. Los dos están en la cabeza de un adolescente buscando su lugar en medio de un colapso cultural y una familia que no para de cambiar mientras él no sabe hacia donde ir.
26 de noviembre de 2025
Rafa y el ridículo.
En 1982 tres tipos, Luis Bolin, Mario Martinez e Iñigo Zabala montaron un grupo que llamaron La Unión. Poco tiempo después Rafa Sanchez se unió a ellos. La Unión, con la producción de Nacho Cano, sacó Lobo Hombre en Paris y lo acompañó con un disco fantástico titulado Mil Siluetas. Muy recomendable.
Tuvieron su golpe de realidad con el disco Maldito Viento que, siendo bueno, no tenía pelotazos como Lobo Hombre. Así que en el siguiente se desquitaron añadiendo al 4x4 la canción Donde Estabais ( en los malos tiempos). Esa canción es una maravilla perfecta para enviar a todos aquellos que desaparecen cuando ya no les resultas interesante. Más tarde siguieron con bastantes éxitos y esa carrera tuvo su punto más alto en el directo "Tren de Largo Recorrido" donde, a mi parecer, estaban en plenitud. Sonaban estupendos, Rafa hacía de frontman y el repertorio estaba anclado en la psique general. Canciones mediocres como "ella es un volcan" brillaban al lado de ambientes como en "Fueron los Celos".
Por alguna razón les dió por experimentar con el sonido, lo cual no es malo aunque sacaran discos olvidables. Evolucionar, incluso a peor, no es malo excepto si terminas evolucionando a proyecto hombre. Algo pasó con ese grupo que se convirtió en alguien intentando volver a un sitio del que se fueron por decisión propia. Entre 2015 y 2020 Mario se muere y aparecen dos La Union. Es lo que pasó con Mocedades, que eran Mocedades y el Consorcio. La diferencia es que ninguno de los dos eran tan deprimentes como Rafa, con barba blanca y pinta de moderno trasnochado, intentando hacer música electrónica en su ultima época cantando lo marica que se siente cuando eso ya lo sabíamos de antes y no nos importaba una mierda. Justo ahí es a donde quería llegar. Salvando las distancias Rafa Sanchez es una especie de Maradona de la música española: tenía que haberse retirado cuando tuvo la oportunidad y ahora es una caricatura. Al menos no se ha vuelto un boliche.
Existen demasiadas personas que, con el tiempo, se convierten en caricaturas. Uno de los ejemplos más claros son las recién separadas que llevan veinte años sin salir a la calle y se visten con la ropa de hace veinte años, se comportan como creen que se comporta la gente al salir de fiesta y creen que han sido el alma de la discoteca hasta que se dan cuenta que son un meme. Otro clásico son los señores con descapotable que llevan a niñatas de acá para allá y te dicen que ligan mucho y que mola mazo. No se libra la juventud, aunque esos tienen margen de mejora, cuando se ponen un pantalón "cagado", una sudadera con capucha y van por la calle caminando con flow mirando a los transeúntes con cara de malotes. Yo tuve un guarpapolvo negro con hombreras en 1987, lo admito.
Supongo que existe un momento en el que las cosas que estaban bien pasan a ser ridículas. Sucede con la moda, la música, más que una ideología y bastantes expresiones orales. Algunas son cíclicas y otras son imposibles porque no volveremos a ser quienes fuimos.
Una de las cosas más ridículas del mundo es un abuelete envuelto en la bandera del pollo haciendo loas a un muerto que no sabría sacar dinero de un cajero. Exactamente igual es un marica envuelto en una bandera de un pais islámico creyendo que lucha contra el capitalismo que no le deja tener netflix, dos pisos, un iphone y follar en todos los portales mientras te habla de lo maravillosa que era la segunda república (excepto si eras cura). Probablemente en 1945 ser de la falange estaba de moda pero ahora es ridiculo y trasnochado. Probablemente en 2011 era muy cool sentirse y manifestarse como alguien de izquierdas pero han necesitado torcer tanto el mensaje que resultan caricaturas peligrosas, como bombas de racimo de la confrontación.
Todas las personas ridículas, y no niego que yo pueda ser una de ellas, generan en mi compasión y desprecio. La compasión tiene mucho que ver con la falta de ubicación en la realidad en la que viven y el desprecio con la usurpación de un espacio que bien podría estar ocupado por alguien con capacidades para rellenarlo.
Dani Güiza era un futbolista de raza. Pasó de las categorías inferiores a lo más alto del deporte y de ahí volvió a sus orígenes. Hace no mucho los medios se hacían eco de que todavía jugaba en el equipo de su ciudad. Cuando le entrevistan cuenta que lo tuvo todo , que jugó con los mejores y que sigue haciendo lo que más le ha llenado siempre, pero que ya no está para ir a la Champions. En ese sentido, le admiro. Es alguien que ha sabido estar, subir bajar, equivocarse, volver, buscar su lugar y hasta mantenerse. No ha intentado seguir siendo quien ya no es, como un político absurdo, como un jubilado con pantalón ajustado o como Rafa Sánchez.
No deja de ser una metáfora que se puede hacer extensiva a demasiadas facetas de la vida.
Simplemente es aprender que hay tiempos para lo que somos y lo que sucede, Un día, porque si, ya no es nuestro sitio y es nuestra decisión hacer el ridículo o aceptar la nueva silla en la que sentarnos en el juego de la vida, justo cuando se para la música y antes que empiece la nueva canción.
El tiempo pasa tan deprisa, en Sildavia.
21 de noviembre de 2025
Neopaquismo
Estoy subyugado con esa palabra.
No exactamente por su sonoridad sino por su significado. Básicamente podemos certificar que en la época franquista todas las casas terminaron pareciéndose. Los platos de Arcopal, el gotelé en las paredes, los muebles aparentemente de madera de la gorda cubriendo toda la pared del salón y las lámparas de araña. Si hacemos el chiste, eso es el Paquismo.
He de decir, en favor de la decoración patria, que no caímos en las derivas moquetiles del reino unido y que algunos elementos íberos resistieron al invasor: el bidé y las persianas.
Ahora, tal y como explican en uno de esos pozos de sabiduría popular de forocoches, vivimos en el Neopaquismo. Es decir, las casas son todas parecidas: Los muebles rectos de Ikea, las paredes lisas con suelos que parecen parquet en láminas, las cocinas abiertas en las que no se cocina, los muñequitos pop en las estanterías, los referentes a los viajes personales, la falta de espacios infantiles de niños pero si los infantiles de adultos (setup informatico obligado), alguna luz led y plantas mínimas de escaso mantenimiento. Podemos certificar, obviamente, que las casas e incluso los barrios son demasiado parecidos. Existen afueras de ciudades que resultan de compleja diferenciación. Una nueva obra en Alpedrete podría ponerse exactamente igual en las postrimerías de Betanzos y, con el paso de los meses, hasta las personas cogerían rasgos idénticos. Al fin y al cabo nuestros entornos son capaces de modificarnos incluso físicamente hasta limites insospechados.
De la misma manera que alguna vez me pregunté si los estúpidos éramos sólo los españoles y alcancé la conclusión que es un problema global, me planteo si el Neopaquismo está más extendido. Pienso si los nuevos barrios de Varsovia son clones de las nuevas zonas de Moratalaz. La verdad es que si hago uso de Internet e intento hacerme pasar por un comprador de vivienda nueva en Polonia, me salen prácticamente las mismas fotos que las de Salamanca.
Así que, en realidad, la vivienda nos proporciona la sensación de que es una elección propia pero nos normaliza. No en el sentido de volvernos normales sino adecuados a la norma y eso es idénticos. Podría decirse que somos un coche de Stellantis: el 208, Corsa, Avenger y Ysilon son el mismo puto coche con detallitos puntuales.
Si alguna vez has jugado con el ordenador a uno de esos juegos en los que puedes crearte tu propio avatar sabes que dispones de un número limitado de combinaciones. Sientes la percepción equivocada de poder hacer cualquier cosa pero en realidad son prácticamente las mismas. Que tenga barba, pelo largo, pantalón corto o gafas no quita que sea el mismo personaje. Cuando era muchísimo más pequeño y el mundo se abría ante mi dispuse de la percepción de poder ser lo que yo quisiera y que todo era un lienzo en blanco de futuro. Años después tengo muchas pegas a esa idea infantil. Sin embargo llego a la conclusión que ahora estamos en un momento en el que los jóvenes son obligados a elegir a su avatar. Son , intrínsecamente, iguales. Uno es el yonki, otro es el nerd, quizá haya un reivindicativo global Q+, otro es el guapo deportista y siempre se puede elegir el npc. Tampoco hay muchas más opciones.
En realidad las opciones existen pero dentro de la conciencia global hay una de esas cositas que tanto daño hace porque son irracionales: si te sales de las opciones del juego, no juegas. Es cierto que hace una buena cantidad de años salirte de las opciones era ser marica, no formar una familia convencional o vivir como un vegano ovolácteo. Ir por esos caminos conseguía que el sistema te castigara. Ahora no somos más libres sino que han cambiado los personajes no admitidos. Es como los nombres: antes lo raro era llamarse Jeniffer. Ahora los raros se llaman Manolo.
¿Qué significa todo esto? Que si vives en un piso ambientado en el neopaquismo y has adoptado uno de los avatares correctos, tu vida será insulsa pero aceptablemente previsible y cómoda. Con suerte te harás funcionario, votarás al partido más votado, verás Estudio Estadio los domingos y te creerás super moderno en un tardeo de sábado o de pinchopote los jueves. El sistema te premiará con la anormal sensación de plenitud.
Por eso el Neopaquismo no es un concepto de decoración sino un estilo (global) de vida.
Los coches chinos son todos iguales y todos los que tienen uno se creen seres especiales de luz. Los usuarios de Apple aspiran a no diferenciarse mucho entre sí, como los que piden pan de semillas de media cocción. No hace falta mucha imaginación para adivinar cómo son sus casas.
Hace años una pareja me dejó de hablar cuando les pregunté si acaso toda aquella decoración no era más que coger el piso modelo de Ikea y llevarlo a su casa de suelo laminado. Ella es vegana. El tiene un Tesla. Hacen facetime.
15 de noviembre de 2025
Electrodos por el recto.
Hace unos días alguien mucho más listo que yo comentaba en la radio que era habitual que los avances científicos fueran expuestos casi como número de magia. Explicaba que Luigi Galvani en el siglo 18 descubrió que aplicando electricidad a las patas de una rana muy muerta, daba patadas. Tiempo después alguien llevó ese experimento más allá. Cogió a un fallecido y se lo llevó a las ferias escondiendo los conectores eléctricos y haciendo creer a las personas que era capaz de volverlo a la vida. Ponía electrodos en la mandíbula y parecía hablar. Le metía unos cables de una batería por el recto y el público explicaba que habían visto bailar a un muerto.
He de suponer que el ser humano, en esa búsqueda de algo parecido al control sobre la muerte, necesita creer que es capaz de superar a la naturaleza. No en vano todas las revoluciones han ido dando pequeños pasos en ese sentido. Nos encanta creer que estamos por encima de los vientos, los huracanes, el frío, las enfermedades e incluso algunos de los disfraces que tiene la muerte. Nadie se muere de viejo o porque le toca sino que se especifica un tipo, previsiblemente evitable, por el que falleció.
Como buen ejemplo de carácter contemporáneo y formación técnica, yo era un defensor de la ciencia por encima de creencias, refranes y complejos retos que superar. Quise apostar, apoyado por los avances y las grandes obras de la historia, que el ser humano carece de límites. Probablemente en el segundo año de carrera me metí una hostia descomunal contra el muro de la realidad. En el preciso instante en el que estudias con detenimiento la verdad y la manera matemática de considerar haberlo definido te das cuenta que tampoco es tan exacto. Al final casi todo es estadística y se acierta un número medianamente alto de las veces, pero no todas. El ser humano quiere creer que acierta pero al mirarlo de cerca no es más que una variable más que intenta adivinar el universo.
Así que descubrí, buscándolos con curiosidad, que los refranes aciertan casi el mismo número de veces que las matemáticas. Pude afirmar, con sorpresa, que la sabiduría popular es una ciencia en si misma. Es más, que esa sabiduría incorpora elementos que la ciencia desprecia.
Por aquellos años en la zona del gran Bilbao se estaba ejecutando un gran cambio. Los Altos Hornos de Vizcaya, origen de riqueza y sustento de miles de personas, tenían su fecha de caducidad. Como trabajo universitario analizamos las necesidades técnicas y procesos que venían a implementarse por parte de la empresa sucesora que se llama Acería Compacta de Bizkaia. Esta empresa se iba a especializar a recoger materiales traídos por barco a su muelle y elaborar acero. Mis compañeros analizaron los procesos metalúrgicos e incluso logísticos. Alguno propuso valorar la viabilidad económica. Hicieron un análisis científico de la ejecución del proceso e incluso de la organización interna de la planta, valorando las plantillas y maquinaria necesaria. Reconozco que yo estaba sumido en un momento de incredulidad extrema y no se me ocurrió otra cosa que acercarme, a mis veinte años, a un cambio de turno en los Altos Hornos allá por un miércoles lluvioso y a las tres de la mañana. La estampa al entrar en el único bar que vi abierto ( como una canción de Sabina) no la olvido: Un grupo variopinto de operarios, ya con el mono azul de la fábrica, consumían breves copas de brandy sujetas entre los dedos mientras en las televisiones de culo se proyectaba porno de los años 80 y esperaban a la hora en la que sustituir a sus compañeros. Nadie le prestaba atención a las pantallas y el camarero, con una camisa blanca y aspecto de estar preso tras la barra, me miró con extrañeza. No consumí. Simplemente marché otra vez al coche pensando que aunque mezquino, sucio y bastante zafio, ese era un estilo de vida como otro cualquiera que iba a ser cercenado por la evolución. Valoré que daba lo mismo que a esos hombres se les abonara una cantidad ingente de dinero o no porque ese era el precio de cambiar una vida entera que probablemente no deseaban pero que era la que tenían. En la exposición, tiempo después, de nuestras conclusiones sobre la Acería Compacta, expliqué que no era capaz de dar una respuesta al cambio social que toda esa ciencia suponía y llegué a la conclusión que si bien todo estaba maquillado con matemáticas y tecnología, había que valorar la forma en que la modernidad afecta a los hábitos. La única conclusión a la que pude llegar, después de acercarme racionalmente al problema y mirar más allá de la ingeniería, fue a la duda. A esos hombres les puedes haber proporcionado dinero o energía, aunque sea con una batería por el recto y disfrutar de que bailen, pero quizá estaban muertos antes.
Ese efecto, de una forma u otra, lo seguimos viendo a diario. La electricidad que reciben algunos cadáveres son coches con alerones, móviles carísimos que usan para ver memes, hamburguesas a veinte euros, bolsos con logotipos bien visibles o cadenas de oro por encima de la ropa. La diferencia es que los electrodos se los meten ellos mismos.
Solamente me puse a pensar en todas esas veces que parece que alguien baila, muchos creen que es feliz, y ya estaba muerto. Después me inventé a un prejubilado de Altos Horos, con la cuenta corriente llena, bailando en un resort de Punta Cana con el dinero que se le proporcionó por irse de su vida.

