Mal dia para buscar

4 de febrero de 2013

La parábola del tonto

Cuando Love Of Lesbian presentaban La Parábola del Tonto, que es una canción de aquella época en la que eran el mejor grupo desconocido de la música nacional, Santi Balmes contaba que en esta vida existe la misión kármica de ocupar el lugar de verdugo, la victima y el tercero, pero no es divertido ser el tercero. Así que dijo, como un órdago desesperado: "para ser el tercero, vete" y se fue. Lo mejor de eso fue que le quedó una canción estupenda. Supongo que trata de todas esas veces en la que los cambios llegan demasiado tarde.
Existen cien veces en las que aceptas como tuyos los errores que cometes o que te acusan de cometer. Existen cien veces en las que te mojas como un perro bajo la lluvia pidiendo consuelo por un hueso y existen 99 ocasiones en las que no te perdonan o que no cambiaste de verdad. Hay veces, incluso, en las que nadie quiere que cambies por mucho que tiraras bolsas llenas de ansiedad.

Haciendo una analogía con la vida pública de los famosos es extraño que alguno se quite alguna de las etiquetas que asumiera en el pasado excepto si fuera una gran estrella de Hollywood. Carmen Ordonez siempre fue considerada una yonki e Isabel Presley una snob. Julio Iglesias un vividor y Bertín Osborne su equivalente en la derecha más recalcitrante (aunque su imagen de mediterranean sex symbol le supera). Santiago Segura siempre será un graciosete por mucho que intente cantar y el malo de los Gallagher un tipo desagradable con ínfulas de superstar. Tom Cruise siempre será un fanático religioso y la mayoría recordará a un Marlon Brando gordo o a una Ava Gadner borracha y , sin embargo, fue la más bella mujer que me ha seducido en blanco y negro. Cuando te tropiezas por la calle con alguien con quien solías salir a tomar copas te parece otra persona muy diferente si acaso se pide un café. Si tu compañero chistoso de clase se queda callado en la cena de antiguos alumnos ya no es el mismo tipo y le pides y le reclamas la próxima tontería. Tendemos a encasillar a las personas en el espacio de tiempo en que les conocimos y, cuando no son así, cuando intentan demostrar que hay algo que ha cambiado, ya no es igual.

Dicen que las conversaciones sobre el pasado son las que nos hacen más felices. Supongo que eso explica la cara de adolescente traviesa que pone alguna mujer al hablar de alguno de sus viajes en compañía. Sin embargo eso no quita que algunas de las partes del pasado vuelvan cuando nos encontramos con partes de aquellos tiempos que nos empujan a volver a ser aquellas personas. Está demostrado que la mayoría de los sin techo son de otras cuidades por, supongo, una necesidad vergonzosa de alejarse de lo que les hizo caer e intuyo que por una forma física de separarse de su pasado.

Lo curioso es que por mucho que las personas vayamos cambiando con el paso de los segundos seguimos siendo aquellos que éramos en las retinas de quienes se encontraron con nosotros por el camino, casi como una imagen fija, como un greatest hit que le obligan a repetir a un artista en cada concierto por mucho que ya no tenga nada que ver con él.

Yo aborrezco lo que fui en un determinado momento, quizá por eso entiendo la canción mientras sigo en medio de la misión kármica, quizá con los defectos que uno guarda por guardar.

2 comentarios:

Ses dijo...

Es curioso, porque a mí siempre me hace más feliz hablar del futuro.

pesimistas existenciales dijo...

No trata del futuro, Ses. Trata de lo dificil que es quitarse de lo que fuimos. Vamos a ver si lo explico con una letra tremenda en una actuación de 1975: http://youtu.be/n-KPGh3wysw (the way we were)