Me he aburrido de contar que los psicólogos afirman que ese momento de la vida en el que te das cuenta que tus sueños no se van a hacer realidad es el preciso instante en que tocas fondo emocional. Ese instante, comentan, se ha ido desplazando hacia los 50. Sin embargo hay toda una generación de los que ven los pisos ( que también iban a bajar) a medio millón mientras les quedan 300€ en la cuenta que ya está en esa decepción personal consecuencia de un futuro incierto. En vez de ver más cerca la consecución de sus sueños, estos se alejan como un enfoque cabrón de una mala película de miedo.
Así que mientras los nacidos entre los 70 y los 80 nos hemos dedicado a monopolizar la nostalgia, ahora es su turno.
La nostalgia es algo bastante cabrón porque hay que sentirse bien pero no indagar demasiado. Cuando empecé a sentir aquel zumbido en el fondo del cerebro lo focalicé en Mazinger Z. Con una dosis de comida basura, algún disco pop y un viernes noche por delante, me preparé para verme aquellos capítulos que tan fantásticos parecían en mi recuerdo. Diez minutos después descubrí que el mundo y los audiovisuales evolucionan y que el Mazinger de 1973 es, sinceramente, una porquería. Que era mucho mejor en mi recuerdo. Eso es lo que tiene la nostalgia: cuando vuelves a ella no mola tanto como recordabas. Hasta cierto punto se parece a volver con tu ex y salvo casos excepcionalmente sorprendentes descubres, en diez minutos, el motivo por el que ese tiempo pasó.
Estoy convencido que los millenials que hagan las fotos con el filtro de 1999 harán tres y luego descubrirán las buenas fotos que hace su teléfono. Ponte a conducir ahora un Seat 124 1430 manual sin dirección asistida y, en el caso que no te hayas matado, compáralo con la suavidad de tu coche coreano, rumano o de plataforma híbrida electrica y de combustión con un colorido infoentretenimiento. La modernidad, estamos de acuerdo, carece de corazón y de emociones pero es mucho más cómoda y se adapta a quien eres ahora y no al que crees que fuiste.
Por supuesto, por mucha cámara que compres, mucho chándal vintage o muchos discos de vinilo que te compres jamás vas a ser lo que, probablemente, tampoco eras. Ni yo fui un buen base de baloncesto ni un ciclista de verdad, aunque vea los recortes de prensa amarillentos con entusiasmo. Tampoco podré subir aquel puerto por mucho que me ponga el malliott del Seat Orbea que usaba Perico Delgado. Los Gonnies no ganó ningún oscar.
Y las fotos con colores raros son así porque las cámaras eran una castaña. Las de los 2000, también.
Supongo que si eres un millenial y crees que ponerte de pastillas en la ruta del bacalao era maravilloso viene a ser lo mismo. O veranear en Marbella.
Las discotecas de Ibiza están repletas de personas con años queriendo ser los yupis del siglo pasado. Ahora tienen una cámara para ello.
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