Mal dia para buscar

4 de diciembre de 2014

Ridículo por vergüenza

-Estuve el viernes en Madrid, en la grabación del Un, Dos, Tres- nos contaba en la puerta de clase aquel compañero delgado y estudioso al que le gustaba U2 y era francamente brillante en resistencia de materiales. -Tardamos casi diez horas en grabar el programa y nos dieron un bocadillo.-siguió- Ah, y me sacaron de entre el público-. -¿Para hacer qué?- le preguntamos sin saber que le pedíamos un spoiler pero nos había dado un trailer muy jugoso. -Con el hipnotizador- dijo bajando el tono.

En aquella época tuvo su momento de éxito, como casi todo lo que aparecia con Mayra, la que nunca lo contaba todo pero no decía mentiras, un "mentalista" llamado Tony Kamo. Era conocido porque se situaba delante del hipnotizado y decía: "un, dos , tres, !duerme!" y, en ese preciso instante, con un golpe del pulgar en la frente, parecían caer en un profundo sueño del que salían después de hacer el espectáculo y que chasqueara los dedos.

-¿Y te hipnotizó?- le preguntamos.

-Preguntaron a ver quien creía en la hipnosis y yo levanté la mano. Me llevaron delante y nos pusieron a varios en fila. Era emocionante. Se puso, igual que con los demás, frente a mi muy serio y la verdad es que me dijo, con esa voz, que me durmiera y yo cerré los ojos, creyendo realmente que en algún momento entraría en trance y que solo era cuestión de esperar, que era por la tensión y por las cámaras. Dejé caer mi cabeza hacia atrás e intenté que me arrastrara ese momento. Un poco después, tras estar con otro espectador y yo oirle, porque tenía los ojos cerrados, empezó conmigo. Me dijo que ladrara y yo ladré como un perro, sin abrir los ojos.

-¿Y por qué lo hiciste si no estabas hipnotizado?

-Porque creí, de verdad, que me llevaría a algún lugar mental diferente y, después de haber ladrado, me resultaba un poco violento abrir los ojos y admitir que estaba fingiendo. Me dada vergüenza. Así que lo hice, me sonreí y volví al asiento.

-O sea- dedujimos- que te dejaste hacer por no ser ridículo.

-Más o menos


Así que hoy, casi 25 años después, me he acordado de esa anécdota y le he añadido todas y cada una de las veces en las que hacemos el ridículo por no hacer el ridículo. Son muchas. Son, todas y cada una de las ocasiones en las que hacemos lo que creemos que debemos hacer en vez de lo que consideramos racionalmente que debemos hacer.

Y nos ha pasado a todos. Algunos lo llaman cobardía y otros instinto de supervivencia.

1 comentario:

Alberto Secades dijo...

Con motivo del anunciado estreno de "Ouija (La película)" recordé las sesiones que organizábamos, siendo adolescentes, con apabullante éxito.

Teníamos un medium de confianza, Zapico (un obrero que había fallecido en la construcción del edificio donde vivía uno de los amigos), cuyo espíritu estaba atrapado y, siempre, siempre, nos ponía en comunicación con otros espíritus más elevados (o del inframundo, depende del día). En fin, una historia delirante protagonizada por un conjunto de descerebrados crédulos (y bastante ridículos, sea todo dicho).

En fin ...